Capítulo
XVII
CORTOCIRCUITO
A pesar de las muchas advertencias y
negaciones de Jack sobre la idea de quedarse en Nautigh, finalmente la mayoría
del grupo estaba de acuerdo en pasar el día en la isla veraniega, a lo cual el
mago no tuvo más remedio que aceptar. Así era la sociedad democrática, y tenía
que cumplir igual que los demás. Por otro lado, lo compensaba el encuentro con
su mayo ídolo Alejandro, al cual llevaba toda su vida queriendo encontrar algún
día.
Jack deseaba que el mago legendario le
enseñara algunas de las técnicas mágicas más poderosas, y pensaba decírselo
hasta que oyó de él mismo que sólo iba a estar en Nautigh un día. Supo que en
un par de horas no se aprende una nueva técnica, y sabiendo además que
Alejandro iba a estar allí de descanso, tampoco podía hacerle semejante
petición para arruinarle las mini vacaciones. De modo que se ahorró la pregunta
y suspiró deprimido.
Alejandro les había animado a pasar el
día en Nautigh, y los demás no dudaron en hacerle caso. Habían caminado mucho los
días anteriores, y estaban cansados de tanto andar. Sabían que un día de
descanso a la orilla del mar les sentaría bien, y se recuperarían para volver a
seguir su camino al sur. Por supuesto, y tal y como les había dicho Jack, no le
revelaron ningún secreto al mago famoso. No sabían en quién podían confiar y en
quién no, y ante la duda mejor no decir nada a nadie de quiénes eran realmente
los miembros del grupo.
Era aún de mañana, no había llegado el
mediodía, así que con los nuevos planes en mente, tenían que organizarse el
día. La idea principal era irse todos a la playa, tal y como había dicho
Cristal. Sin embargo Jack no tenía ganas, y Alejandro le propuso que fuera a la
fiesta del pueblo. Precisamente habían llegado en el momento adecuado, ya que durante
los próximos siete días se celebraba la semana cultural de Nautigh, en honor al
guardián que protegía la ciudad. Por ello muchos comerciantes aprovechaban la
ocasión para instalarse en la isla y ofrecer sus productos a los turistas que
visitaban la ciudad.
Al principio Jack no parecía muy
convencido, pero el Alejandro logró convencerlo para que se animara a
participar en el festival. Viendo que los demás querían ir a la playa, y que
por lo tanto el mago iba a estar sólo, Marina decidió acompañarle para animarlo
en la fiesta. Junto a ellos se unió también el capitán Mulock, quién también
quería disfrutar de las fiestas típicas de la ciudad, y que pocas veces podía
disfrutar de las mismas.
El pequeño Oliver se unió al grupo de
playa, junto a Cristal, Rex, Erika y Eduardo. La princesa no tenía problemas
con la vestimenta porque llevaba varios conjuntos de bikinis en su mochila.
Oliver por su parte llevaba puesto el bañador de su casa, y Rex no necesitaba
ninguna prenda para meterse en el mar. Sin embargo, Eduardo y Erika lo habían
dejado todo en la Tierra, de modo que no tenían nada para ponerse. La chica con
coletas no dudó en ofrecerle a su amiga uno de los bikinis que tenía en su
mochila, a lo que Erika agradeció y aceptó el gesto. Luego miró a Eduardo y le
dijo con burla:
- ¿Qué? ¿Tú también quieres un bikini?
- ¡No digas tonterías!- exclamó el
joven- ¡Bastante hice ya disfrazándome de chica en Mugget…no pienso ponerme un
bikini!
- ¡Pero si estabas guapa con aquel
vestido rojo!- rió Erika- ¡parecía hecho a tu medida!
Los demás soltaron carcajadas y
comenzaron a reírse, mientras Eduardo se ponía colorado de vergüenza. Enseguida
exclamó:
- ¡Vale ya…un poco de compasión, por
favor!
- ¡Está bien, está bien…!- dijo
Cristal, tratando de parar de reír- Veamos…habrá que ir a comprar un bañador
para ti…no creo que sea muy caro.
- Pero andamos mal de dinero…- dijo
Eduardo registrando sus bolsillos sin resultado- no tenemos ni un solo platin.
- ¡Bah, tranquilo! que de eso me
encargo yo…- sonrió la princesa, que luego señaló con la vista- mirad a ese.
Justo en ese momento pasó por detrás
del grupo un hombre, que se alejó de ellos sin girarse. Aparentemente no había
pasado nada, y nadie parecía notar cambio alguno hasta que la chica con coletas
les mostró a los demás una nueva cartera en su mano, con una sonrisa pícara.
Perplejos y con la boca abierta, el pequeño dijo:
- ¡¡Guau, qué pasada!!- exclamó Oliver
sin creérselo- ¿¡Cómo lo has hecho!? ¡Ni siquiera Miko sería capaz de algo así!
Él también se dedica a robar cosas, pero se puede ver cómo lo hace… ¡en cambio,
tú pareces una sombra!
- A esto se le llama talento y
esfuerzo, pequeño- sonreía la princesa- y bueno… ¿dónde queda la tienda de ropa
más cercana?
- Cris… ¡digo, Filipondia!- dijo
Eduardo rápidamente- ¡nos prometiste que no volverías a hacer eso!
- Pero es por una buena causa…-
argumentó la chica con coletas- ¿cómo si no te comprarías un bañador? ¡Piénsalo
bien!
En ese momento se acercó a Eduardo y
le advirtió en voz baja y sin rodeos:
- Por cierto… como vuelvas a llamarme
por ese nombre, te retorceré el pescuezo de tal manera que desearas no haber
nacido, ¿entendido?
- ¡Entendido, entendido!- dijo el
chico tragando saliva, tratando de calmarla- recuerda que hay que mantener tu
identidad en secreto, y Jack ya te puso ese nombre… ¿qué quieres que haga?
- No pronunciarlo, por ejemplo…- le
dijo amenazante Cristal- ya ajustaré las cuentas con Jack cuando tenga la
ocasión, pero mientras tanto intenta no llamarme por ese pijo y asqueroso
nombre cursi.
En ese momento una voz los llamó un
poco más lejos:
- ¡Vamos, Eduardo y Filipondia, no os
quedéis atrás!- dijo Oliver alegremente- ¡yo conozco una tienda de ropa por
aquí cerca…seguidme!
Ambos corrieron a reunirse de nuevo
con el grupo camino a la tienda, mientras Eduardo podía ver claramente rechinar
los dientes a Cristal. Aunque tratara de disimularlo, la chica con coletas
sentía una gran furia interior. Intentaba no acercarse demasiado a ella para no
sufrir su rabia. Desde luego, Jack le había elegido un buen nombre para
fastidiarla, seguramente por la jugarreta que les había hecho ella el día
anterior con la maratón senderista.
En otro lado de la ciudad, el grupo
del festival se encontraba sentado en sillas alrededor de una mesa, observando
la plaza principal de Nautigh. Mucha gente bailaba al ritmo de la música, y
algunos niños pequeños iban disfrazados de una especie de pájaro con muchas
plumas de diferentes tonos amarillos, que corrían alegremente de un lado a otro
por toda la plaza. Habían muchísimos globos y confetis por doquier, casi
prácticamente todo el lugar estaba lleno de decorado alegre y festivo.
Al levantar la vista hacia el paisaje
superior de la ciudad, Jack pudo comprobar una gigantesca estatua que coronaba
la cima de la montaña más alta de Nautigh. La escultura de piedra se asemejaba
a un grandioso pájaro, con las enormes alas extendidas a ambos lados mientras
levantaba majestuosamente la mirada al cielo. Ese monumento llamaba mucho la
atención, pues podía verse desde prácticamente cualquier lugar de la isla:
- Una pregunta, Mulock…- dijo Jack al
capitán- llevo con la duda desde que llegamos a la ciudad… ¿qué representa
aquella estatua que se divisa en lo alto de la montaña?
- ¿Ah, eso? Se trata ni más ni menos
que el guardián de Nautigh, más conocido como Quetzal- explicó Mulock- la
majestuosa ave que encierra el alma de la ciudad. Las leyendas del pueblo dicen
que posee el poder del rayo, y que con sus descargas eléctricas protege a los
habitantes de la isla.
Jack y Marina observaban al capitán
asombrados por la leyenda de Quetzal. En ese momento ambos magos supieron que
se trataba del G.F Quetzal, uno de los guardianes de la fuerza que andaban
buscando para su misión. Sin embargo, no podían contarle lo que sabían a
Mulock, ya que no estaban seguros de si era de fiar o no. Por otro lado, la
mayoría de la gente de Limaria desconocía de la existencia de los G.F y de su
increíble poder. Continuaron escuchando a Mulock con atención:
- Naturalmente, son sólo cuentos de
viejas…- sonrió el capitán- nadie nunca ha visto a Quetzal, ni mucho menos
confirmado si de verdad existe o no. A pesar de eso, a la gente le anima saber
que hay un poderoso ser protegiendo la isla. Les da confianza. Además de las
playas, es una de las principales razones por las que vienen muchos turistas a
este lugar. La leyenda que envuelve al pájaro legendario en misterio atrae a
muchos curiosos, y de ahí que el principal motor que impulsa Nautigh sea el
turismo.
- Vaya, es muy interesante, Mulock-
dijo Marina, asombrada- ¿y cree usted que algún día podría verlo? Quiero decir…
¿le gustaría ver a Quetzal?
- ¡Por supuesto que sí!- sonrió el
hombre- ¡ese pájaro simboliza nuestra ciudad! Pensaréis que estoy loco, pero
aunque sea un mito… yo creo que existe de verdad.
- No estás loco, yo también pienso lo
mismo- sonrió Marina- si tiene que haber de todo en este mundo… ¿por qué no
también fantásticos seres mágicos?
- ¿Tu qué opinas de todo esto,
Alejandro?- le preguntó Jack con curiosidad.
El mago famoso tardó un poco antes de
responder. Parecía pensativo:
- He viajado por todo el mundo, y
desde luego conozco la gran mayoría de mitos y leyendas que envuelven a
Limaria. Gracias a mis viajes me sé muchos de los conocimientos culturales,
económicos, históricos y sociales del planeta, y he desarrollado una gran
capacidad en el uso de las técnicas mágicas en el combate. Sin embargo, todavía
quedan cosas que aún desconcozco…una de ellas son este tipo de leyendas, relacionadas
con seres fantásticos como Quetzal.
Los demás atendían a las palabras de
Alejandro, sorprendidos:
- A pesar de lo que digan muchos, yo
personalmente sí creo que existen- sonrió el mago famoso- estoy seguro de que,
tarde o temprano, aparecerán ante nuestros ojos. Entonces dejarán de ser mitos,
y la gente los reconocerá como seres reales…sólo hay que creer, estoy seguro…-
luego bajó la cabeza llevándose la mano a la nuca y añadiendo con una sonrisa
vergonzosa-…ahora soy yo el loco, ¿verdad?
El resto de los presentes en la mesa
soltó una carcajada, y todos empezaron a reír. En ese momento, la música
comenzó a sonar más fuerte y alto que antes. El ritmo pegadizo invadió al
capitán Mulock, que no pudo evitar levantarse diciendo:
- ¡Tengo ganas de mover el esqueleto…y
necesito una pareja de baile!
Cogió de la mano a Marina y la levantó
de la silla, mientras la maga se ponía colorada:
- ¡Espere capitán!- exclamó nerviosa-
¡no sé bailar!
- ¡Tú sígueme, que yo te guio!- la
animó Mulock.
De esa forma, Marina no tuvo más
opción que salir a la plaza junto con el resto de gente que bailaba en ella. A
pesar de no saber ejecutar bien los pasos de baile, Mulock la guiaba tratando
de que no se perdiera. Aún con un poco de vergüenza, la maga intentaba hacer
todos los movimientos lo más perfectos posible para no quedarse atrás.
Entre tanto, Jack y Alejandro
observaban bailar a la pareja en medio de la plaza. El mago famoso, tras ver
suspirar a Jack, sonrío cálidamente y le dijo:
- Es una buena chica, deberías
decírselo…
- ¿A qué te refieres?- preguntó Jack,
tratando de disimular.
Alejandro rió por lo bajo y volvió a
hablar:
- No soy tonto…conozco de sobra estos
casos, y cuando te veo mirarla sé lo que sientes por ella.
El mago supo que ya de nada servía
ocultar sus sentimientos. Tardó un poco antes de responder:
- Dudo mucho que haya algo más que
amistad entre nosotros…Marina sólo me ve como a un amigo.
- Eso nunca lo sabrás si no lo
intentas…- sonrió el otro- ¿por qué no haces la prueba y sales de dudas?
Alejandro se levantó de su silla e
hizo gestos a otra chica joven para que se acercara. Al verla aproximarse a
ellos, Jack se puso nervioso y exclamó perplejo:
- ¿¡Alejandro, pero qué haces!? ¡No,
no quiero!
- Saca a este apuesto mago a la pista,
guapa- le dijo Alejandro señalando a su compañero de mesa- está esperando que
alguien lo saque a bailar.
La chica asintió con la cabeza sonriendo
y el pobre Jack no tuvo tiempo de reaccionar. Enseguida se vio forzado a salir
a la plaza agarrado del brazo por la invitada. Volvió la vista atrás mientras
Alejandro le decía:
- ¡Diviértete, Jack!
El mago se ponía nervioso bailando con
aquella chica, y deseaba que aquel numerito de baile acabara cuanto antes. No
entendía el por qué Alejandro lo había obligado a salir a bailar con aquella
chica, pero cuando terminara le iba a decir un par de cosas. No se sentía a
gusto en aquellos momentos, estando con una desconocida. Quería irse, salir de
allí para volver a estar tranquilo alejado del ambiente festivo y disparatado
de la plaza central de Nautigh.
En un momento dado del baile, de
repente tocó el cambio de parejas, y el mago se vio sólo en medio de la plaza.
Cuando todos se reencontraron con su nueva pareja, Jack recibió repentinamente
un empujón por detrás y acabó chocando de frente con otra nueva persona. Se
sorprendió al comprobar que se trataba de Marina, y ella también parecía
sorprendida al ver que su amigo estaba allí.
Ambos se dieron cuenta de que eran los
únicos en la plaza sin pareja, y supieron que los dos tenían que bailar. Jack
miró fuera del grupo de baile a Alejandro, que sonreía cálidamente mientras
veía a los dos magos juntos. Fue entonces cuando Jack supo las intenciones de
famoso hechicero, que le había dado el empujón que necesitaba para dar el
primer paso.
Jack y Marina se miraron a los ojos,
perplejos. Al cabo de unos segundos de silencio, ambos sonrieron y empezaron a
bailar alegremente al ritmo de la música, igual que el resto de parejas. A
diferencia de la situación anterior, los dos se sentían más cómodos y seguros
con esa persona que con ninguna otra desconocida. Felices y sin querer pensar
en otra cosa, ambos bailaron con alegría en el centro de la plaza festiva de
Nautigh.
Mientras tanto, en otro lado de la
isla, el grupo de playa se encontraba disfrutando a la orilla del mar del agua
salada del mar de Limaria. Cristal lucía su bikini naranja, y Erika otro rosa.
Las dos nadaban en el agua acompañadas de Oliver, que se salpicaban agua
mientras reían. En la arena, tomando el sol, estaban Rex y Eduardo observando
la escena. Con el dinero robado de Cristal, el joven se había comprado un
bañador rojo para ponerse aquel día de vacaciones:
- Ahora no puedo hablar como antes- se
quejaba Rex frunciendo el ceño- sólo me limito a ladrar, como un perro normal y
corriente.
- Recuerda que no debemos llamar la
atención, en el mundo normal los perros no hablan- dijo Eduardo- ¿Qué crees que
pasaría si alguien te oye decir una palabra? ¡Eso está fuera de las leyes de la
naturaleza!
- Pues los Kengo hemos roto esas
leyes- argumentó el can- No entiendo qué tiene de malo que los animales podamos
expresarnos…somos seres vivos igual que los demás.
- Piensa que sólo será por un día,
hasta entonces tan sólo intenta ladrar.
- Está bien, lo intentaré- aceptó Rex.
En ese momento Oliver los llamó desde
la orilla a ambos gritando:
- ¡Eduardo, Rex…venid al agua!-
exclamó el niño- ¡Se está muy bien aquí!
Los gestos de las chicas también
indicándoles que fueran al mar los animó. El joven se levantó diciendo a su
compañero:
- ¿Una carrera hasta la orilla?
- Me parece bien- sonrió el can-
¡adelante!
El chico y el perro comenzaron a
correr por la arena directos al agua, pero Eduardo se fue quedando atrás y Rex
acabó ganando la carrera, por mayor rapidez. Sin dudarlo un instante, ambos se
lanzaron al mar y se dieron un chapuzón entre las olas.
Al sacar la cabeza del agua, el chico
vio a los demás felicitando al ganador:
- ¡Bien hecho, Rex!- dijo Erika
acariciando al animal.
- ¡Qué lento eres, Eduardo!- se burló
Cristal- ¡hasta una tortuga es más rápida que tú!
- ¡Mira quién fue a hablar!- rió el
joven pícaramente- ¡al menos yo no ando robando carteras como un
ladrón…Filipondia!
- ¡Serás…!- exclamó la princesa,
furiosa- ¡Ahora verás!
En ese momento comenzó una batalla
campal de agua, y todos empezaron a salpicarse y echarse agua unos a otros,
mientras reían alegres y contentos. Desde luego, necesitaban aquellas mini
vacaciones, que les relajaban y preparaban para continuar el largo viaje que
les quedaba.
Ajenos a lo que les esperaba, el
misterioso miembro de la organización Muerte se disponía a ejecutar su plan
contra la ciudad de Nautigh. Ya tenía listo los últimos preparativos para lo
que se proponía, y tan sólo le quedaba usar un poco de electricidad:
- Y ahora…que empiece la fiesta-
sonrió maléficamente.
Alzó sus brazos al cielo y con sus
manos extendidas, por las cuales surgieron chispas y descargas eléctricas que
comenzaron a acumular energía. Cuando tuvo la suficiente para llevar a cabo su
plan, ésta explotó en varias direcciones, siguiendo los cables de alta tensión
que conectaban toda la isla.
De repente, y sin previo aviso ni
señal, se produjo una gran explosión en un lado de Nautigh, que hizo temblar
toda la isla por unos segundos. Seguidamente las farolas y luces de las calles
comenzaron a brillar intermitentemente antes de explotar también junto con el
resto de las antenas y los aparatos electrónicos.
Fue entonces cuando cundió el pánico y
el terror entre los habitantes de Nautigh, que desesperados por huir, corrieron
directos a la salida de la ciudad.
El festival se suspendió, y la gente
que allí había ya no bailaba ni celebraba nada. En cuestión de segundos la
alegría y la felicidad del lugar desaparecieron para dejar paso al miedo y al
horror, reflejados en los rostros de los aldeanos de Nautigh, que gritaban
despavoridos corriendo y buscando la salvación.
En medio de toda aquella confusión,
Jack y Marina corrieron para alejarse de la muchedumbre asustada, antes de que
salieran heridos entre los empujones. Cuando se hubieron refugiado en las mesas
a salvo, Jack preguntó perplejo y confuso:
- ¿¡Qué es lo que está ocurriendo!?
¿¡Eso ha sido…un terremoto!?
- ¡Jack, tengo miedo!- le dijo Marina
a su lado- ¿¡Qué es lo que pasa!?
En ese momento llegaron junto a ellos
Alejandro y Mulock, también sorprendidos por los últimos acontecimientos:
- ¿¡Estáis todos bien!?- preguntó
Alejandro, preocupado- ¿¡hay algún herido!?
- ¡Todos estamos bien!- respondió el
mago- ¿¡Qué ha sido eso!?
- No estoy seguro…- respondió Mulock-
por aquí no suelen haber terremotos…y a juzgar por las sobrecargas de
electricidad…sólo se me ocurre una posibilidad…
- ¡Díganos!- respondió Marina,
preocupada- ¿¡Qué es lo que ha pasado!?
Mientras tanto en la playa, los
veraniegos también habían notado la gran explosión y el temblor de la isla.
Aterrados y horrorizados, corrieron despavoridos fuera de la playa, sin recoger
sus cosas. El grupo del mar salió rápidamente del agua y fueron a la arena:
- ¿¡Pero qué ocurre!?- exclamó
Eduardo, perplejo- ¿!qué es lo que ha pasado!?
- ¡No tengo ni idea, pero debe de ser
muy fuerte!- dijo Cristal, horrorizada- ¡esa explosión ha sonado por toda la
isla!
- ¡Tengo mucho miedo!- decía Oliver
aferrado a Erika, y a punto de llorar.
- ¡Chicos, esto no es normal!- comentó
la joven- ¡Debemos volver con…!
En ese momento se produjo otra gran
explosión y el grupo cayó sobre la arena, debido a un nuevo temblor de tierra
que sacudió Nautigh. Cuando paró el temblor, volvieron a levantarse:
- ¿¡Pero a qué se deben estos
terremotos!?- exclamó Cristal, enfurecida- ¡¡Qué alguien me lo explique!!
- ¡¡Mirad!!- señaló Erika en el cielo,
perpleja- ¿¡qué es eso!?
Los demás dirigieron sus miradas
arriba, tal y como indicó la joven. Sorprendidos, contemplaron con la boca
abierta cómo un visible gran rayo surgía de la montaña más alta de Nautigh y
caía directo hacia la costa. El rayo chocó con un gigantesco trasatlántico
atracado en el puerto, el cual voló por los aires en una colosal explosión, y
cayó de lado en el mar. La onda expansiva y la caída en el agua del enorme
buque provoco una gran ola gigante que se dirigía a toda velocidad hacia ellos:
- ¡¡Corred!!- gritó Cristal,
horrorizada ante el tsunami.
El grupo de playa recogió sus cosas de
la arena y corrieron rápidamente como nunca antes lo habían hecho. Si les
atrapaba aquella ola gigante, no vivirían para contarlo.
En cierto momento del camino, el niño
tropezó y cayó sobre la arena, soltando la mano de la chica. Erika volvió la
vista atrás y, perpleja por el peligro que corría, exclamó:
- ¡¡Oliver!!
- ¡¡Ayudadme, por favor!!- lloraba el
pequeño.
La joven dio media vuelta y cargó con
el niño a sus espaldas. Siguió su camino y corrió todo lo rápido que pudo hasta
alcanzar el final de la playa, mientras sus amigos la animaban desde los
límites de la costa. Cuando parecía que el tsunami se les venía encima, todos
lograron finalmente llegar al lugar seguro impulsados por la cresta de la ola,
que acabaron rodando por el suelo.
Completamente empadados y escupiendo
agua salada, todos se levantaron. Había pasado el peligro y se habían salvado
por muy poco. Aún tosiendo, Eduardo preguntó en voz alta:
- ¿¡Estáis todos bien!?
- ¡Sí!- dijo Cristal, también
tosiendo- ¡Casi la palmamos!
- Gracias, Erika…- sonrió Oliver- de
no ser por ti, ahora estaría muerto.
La joven le sonrió a su vez, y luego
levantó la vista a la playa de Nautigh. Horrorizada y perpleja, ahogó un grito
al ver que la costa había sido destruida por la ola a su paso, y los demás
también se dieron cuenta de ello.
- ¿Quién…ha podido hacer algo así?-
preguntó el chico, sin palabras.
- No lo sé…pero venía de la montaña
más alta- comentó Cristal alzando su mirada arriba- lo que sea que haya lanzado
ese rayo debe de ser muy fuerte, porque ha hecho explotar un enorme barco.
Erika observó al pequeño y luego
volvió la vista al resto de sus compañeros:
- Este lugar es demasiado peligroso…-
dijo con la mirada firme- de momento será mejor que volvamos con Jack y los
demás, puede que ellos sepan qué es lo que está ocurriendo…y lo que es más
importante, comprobar que están bien.
Cristal, Rex y Eduardo asintieron con
la cabeza, decididos. Todos fueron a cambiarse de ropa y rápidamente corrieron
rumbo a la plaza superior de la ciudad. El joven deseaba que sus amigos
estuvieran a salvo del nuevo peligro que se avecinaba, y tenía un mal
presentimiento. Una poderosa fuerza parecía provenir de la cima de la montaña,
y sabía que Nautigh estaba en peligro.
- ¿¡Qué es lo que ha pasado!?- repitió
Marina, confusa.
- Estoy seguro de que esas explosiones
provienen de la central de energía…- dijo Mulock, preocupado- no se me ocurre
otra posibilidad.
- ¿¡Qué!?- preguntó Jack, perplejo-
¿¡la central de energía!?
- Es la que abastece de electricidad a
toda la isla…- explicó el capitán- lo más probable es que sufriera una
sobrecarga de electricidad…de lo contrario, no reaccionaría de tal forma…
- ¿¡Quiere decir… un cortocircuito!?
- Así es- asintió Mulock- lo que no
entiendo es qué lo ha podido ocasionar…
En ese momento se produjo otra
explosión que sacudió la ciudad de Nautigh, y el grupo de la plaza cayó al
suelo perdiendo el equilibrio. Contemplaron horrorizados cómo un balcón de
vistas de la ciudad se desprendió de su sitio y cayó cerca de la costa
destrozando varias casas a su alrededor. Tras varios segundos de temblor, se
levantaron al volver el lugar a la normalidad:
- ¿¡Y a qué se deben estos
terremotos!?- preguntó Alejandro, confuso.
- La central de energía se compone de
siete generadores que rodean toda la isla, fuertemente atadas a la tierra…seguramente
estas explosiones significan la destrucción de cada generador… ¡y ya van tres!
- ¿¡Qué ocurrirá si se destruyen todos
los generadores!?
- ¡¡La isla entera explotará y volará
por los aires!!
Los tres magos palidecieron al oír
aquello. La situación era más grave de lo que imaginaban, y sus vidas estaban
en juego al igual que la de los ciudadanos de la ciudad:
- ¿¡Qué!? ¿¡Y cómo sabe eso!?- preguntó
Marina, horrorizada.
- ¡¡Porque yo fui uno de los
ingenieros que construyó la red de electricidad de Nautigh!!- exclamó Mulock- ¡¡Tenemos
que salir de esta isla inmediatamente si no queremos morir todos!!
El grupo de playa corría por las
calles de Nautigh, esquivando a la gente desesperada que corría a gritos tratando
de salvarse. Muchos caían al suelo debido a los empujones de las personas. En
aquellos momentos reinaba el caos y el horror, y a duras penas podían avanzar
debido a los continuos obstáculos humanos que encontraban en su camino e
impedían su marcha. En muchas ocasiones casi estuvieron a punto de perderse
entre la multitud, y extremaban la precaución para no separarse unos de otros:
- ¡Oliver, no te separes de mí!- dijo
Erika al pequeño.
- ¡Entendido…!- sollozaba el niño
agarrando fuertemente la mano de la chica, y completamente asustado.
- ¿¡A dónde va toda esta gente!?-
preguntó Cristal, asombrada.
- ¡Seguramente se dirigen a la salida!-
aprovechó Rex para comentar, que entre el ruido y la confusión nadie oyó su
voz- ¡quieren salir de la ciudad lo antes posible!
En ese momento oyeron gritar a un
aldeano de Nautigh:
- ¡¡Los puentes han sido destruidos,
no podemos salir de la isla!!- exclamó horrorizado- ¡¡estamos atrapados!!
El grupo oyó perplejo sus palabras.
Sin saber qué es lo que estaba ocurriendo, comenzaron a asustarse de verdad,
junto al resto de la gente. Se quedaron parados y mudos de la sorpresa hasta
que Eduardo movió rápidamente la cabeza a ambos lados y les dijo a sus amigos:
- ¡¡Vamos, tenemos que encontrar a
Jack y los demás!!
El resto del grupo asintió con la
cabeza y continuaron su camino subiendo por las calles abarrotadas de gente. No
sabían qué es lo que pasaba, pero de lo que sí estaban seguros es que todos
estaban en peligro. Tenían que reunirse con sus compañeros lo antes posible
antes de fuera demasiado tarde.
Los rumores se habían extendido por
toda la ciudad de Nautigh, y el grupo de la plaza no era menos. Horrorizados
por la noticia, Marina exclamó preocupada:
- ¿¡Qué no podemos huir de la isla!?
¿¡Y qué podemos hacer!?
- En esta situación, sólo tenemos dos
opciones…- dijo Mulock seriamente- ¡o salir de este lugar en barco…o detener el
avance del cortocircuito antes de que destruya todos los generadores!
- ¿¡Pero cómo se puede hacer eso!?-
preguntó Alejandro.
- Hay que absorber la electricidad, o
cambiar el rumbo de la corriente… ¡es la única forma!- afirmó el capitán.
A los pocos pasos de dar para correr,
Mulock recibió una repentina descarga eléctrica, que lo hirió e inmovilizó
cayendo al suelo. Los demás, horrorizados por el ataque sorpresa, dijeron a la
vez:
- ¡¡Mulock!!- exclamaron los tres
magos.
En ese momento una risa malévola se
oyó por toda la plaza, que sorprendió al grupo. Mientras Alejandro se agachaba
junto al capitán para sanarlo con una magia curativa, Marina y Jack volvieron
la vista en todas direcciones buscando al causante del ataque:
- ¿¡Quién eres!?- preguntó Jack a su
alrededor- ¡¡sal y da la cara!!
Frente a ellos, un poco más lejos,
surgió un agujero de oscuridad. De él salió un nuevo individuo encapuchado y
vestido de negro, al que Jack y Marina reconocieron enseguida por su manto
oscuro:
- ¡¡Es de la organización Muerte!!
- ¿¡Qué!?- exclamó Alejandro mirando al
nuevo enemigo- ¿¡La organización Muerte!?
- ¡Son unos tipos que intentan
destruir el mundo para sus propios fines!- explicó Jack- ¡con ellos no se
juega…van muy en serio!
El encapuchado se quitó el manto que
cubría su cabeza y dejó su rostro al descubierto. Para sorpresa de los dos
magos, no se trataba ni de Magno ni de Helio, sino de otro nuevo miembro de la
organización. Aquel tipo tenía el pelo rubio y los ojos amarillos, era muy
diferente al rojo de Magno o al azul de Helio:
- Veo que sobran las explicaciones…-
sonrió el nuevo enemigo- entonces ya sólo me queda pasar a la acción.
- ¿¡Quién eres!?- preguntó Marina-
¿¡Tú eres el responsable de todo esto!?
- Así es…- afirmó el desconocido
sonriendo maléficamente- yo y sólo yo soy el que ha llevado Nautigh al caos y
al horror…y muy pronto este lugar será historia…como vais a morir todos, por
esta vez haré una excepción y revelaré mi nombre…- y tras unos segundos de
incertidumbre, el tipo de negro pronunció mientras sus manos desprendían
descargas eléctricas-…me llamo Lectro, más conocido como el hombre rayo.
Jack y Marina se pusieron en guardia
con sus armas mientras el enemigo decía:
- Imaginaba que habría algún listillo
en esta ciudad que tendría la absurda idea de salvar a toda esa gente…y por eso
me presento aquí, para asegurarme de que no hayan obstáculos que frenen la
destrucción de Nautigh y la muerte de miles de personas.
Alejandro ya había terminado de curar
a Mulock, y éste se levantaba un poco malherido:
- ¿Qué ha…pasado?- preguntó el hombre,
aún mareado.
Al ver al tipo de negro, Mulock se
sorprendió y exclamó perplejo:
- ¿¡Pero qué…!? ¿Quién es ese!? ¿¡Cómo
es que…le saltan chispas de sus manos!?
- Capitán, váyase de aquí…- le dijo
Alejandro seriamente mientras él también se levantaba-…reúna a los ciudadanos y
diríjanse todos a la costa…este lugar es demasiado peligroso…
- ¿¡Qué!? ¿¡Y dejaros solos!?-
preguntó Mulock- ¡Ni hablar!
- ¡¡Capitán, por favor, váyase ahora
mismo!!- le ordenó el mago famoso sin rodeos- ¡¡usted es el único que puede salvar
a toda esa gente…súbalos a un trasatlántico y aléjese lo más rápido que pueda
de esta isla!! ¡¡Piense en ellos…piense en su hijo Oliver!!
Al cabo de unos segundos, Mulock
comprendió la gravedad de la situación, y no tuvo más remedio que aceptar la orden
de Alejandro. Sólo ellos podían librar aquella batalla, y sabía que ni él mismo
podría ayudarles:
- ¡¡De acuerdo, Alejandro!!- asintió
el capitán- ¡¡le prometo que salvaré a los habitantes de Nautigh…!!- y luego
añadió- ¡¡mucha suerte…a todos!!
En ese momento Mulock corrió para
alejarse de la plaza, y Lectro se mostró frustrado ante su huida. Con rapidez
estiró su brazo en dirección al capitán, y de él lanzó una potente descarga
eléctrica:
- ¡¡Ni lo sueñes!!- exclamó Lectro-
¡¡no permitiré que escapes!!
Entre la descarga y Mulock se
interpuso una barrera mágica, creada por Alejandro, y que detuvo el ataque.
Para sorpresa de Jack y Marina, que se quedaron perplejos ante la rapidez del
conjuro del gran mago, éste amenazó a su enemigo diciendo:
- Olvídate de él…- dijo seriamente
Alejandro- ¡esto es entre nosotros…!
- Así que tú eres el famoso mago del
que todo el mundo habla…- sonrió Lectro- vaya, nunca pensé que tendría el gran
honor de enfrentarme a una leyenda de la magia como tú…esto va a ser muy interesante…
- No sé quien sois ni que pretendéis
vosotros, los de la organización Muerte…- dijo Alejandro seriamente-… ¡pero no
pienso quedarme de brazos cruzados viendo cómo acabáis con el mundo y con miles
de vidas inocentes!
El hombre de negro rió a grandes
carcajadas burlonas, y luego comentó:
- Es inútil…ni siquiera alguien como
tú es capaz de detenernos…cualquier esfuerzo es en vano, Limaria está condenada
a desaparecer y nada ni nadie podrá impedir que eso se cumpla…
- Eso ya lo veremos- sonrió el mago
legendario.
En ese momento comenzó el combate
entre ambos. Alejandro conjuró un ataque mágico de elemento aire, del que
invocó un gran tornado directo al hombre de negro. Lectro logró esquivarlo por
los pelos mientras tras él el tornado destruía varias casas a su paso.
Sonrió satisfecho hasta que de repente
su rostro palideció al ver al mago con la capa al viento a su lado, por detrás
de él. No había notado su presencia y la rapidez con la que se movía era
increíble:
- ¡¡Serás…!!- exclamó Lectro, perplejo
mientras daba media vuelta.
Alejandro conjuró rápidamente otro
hechizo mágico de fuego, que colisionó con el cuerpo del hombre de negro y lo
lanzó a gran velocidad hasta estrellarse contra la pared de otra casa.
Todo había sucedido muy rápido, los
movimientos de Alejandro dejaron con la boca abierta a Jack y Marina, que no
podían creer lo que veían. El mago legendario se movía de una forma asombrosa e
increíblemente rápida. Sin mancharse siquiera ni sufrir ningún rasguño, había
atacado sin problema al enemigo. Aparentemente se le veía tranquilo y sereno,
como si aquello fuera un juego de niños.
Marina contemplaba asombrada todo lo
que ocurría. Podía ver claramente que el aura mágica de Alejandro era con
creces muchísimo mayor que la de Jack y de ella. Y para su sorpresa, Lectro
también estaba igualado al del mago legendario. Le pareció muy raro, pues en
aquellos momentos Alejandro le ganaba con diferencia, y el enemigo no parecía
mostrar grandes signos de poder mágico. A aquel paso Alejandro le vencería sin
muchos problemas.
Todos sabían que Lectro aún no había
muerto. Éste se desprendió de la pared aparentemente herido, con su traje negro
destrozado y escupiendo sangre por la boca. Miró a su oponente con
indiferencia, y una sonrisa malévola se dibujó en su rostro mientras reía a
carcajadas. No parecía preocupado por sus heridas:
- Admirable…sin duda eres tú…la
leyenda viva de Limaria…
- Admite tu derrota y detén ahora
mismo esta locura- le ordenó Alejandro- o me veré obligado a acabar con tu
miserable vida.
Lectro bajó su cabeza, sin parar de
reír. Los demás no dejaban de preguntarse por qué parecía tan contento el
enemigo cuando se veía claramente que estaba en desventaja:
- ¿Qué te hace tanta gracia?- preguntó
el mago legendario.
- Seré recordado…como el único…- en
ese momento estiró sus brazos directos hacia él- ¡¡…que acabó con la leyenda!!
- ¿¡Qué!?- exclamaron todos,
perplejos.
En ese momento las farolas de la
plaza, que aún no habían estallado, lo hicieron en aquel instante. Las altas
descargas de todas fueron directas al mago famoso, que gritó de dolor y agonía
mientras miles de voltios recorrían todo su cuerpo sin piedad:
- ¡¡Alejandro!!- gritaron Jack y
Marina, horrorizados.
Aprovechando la inmovilización de su
oponente, Lectro corrió rápidamente hasta él y le propinó varios golpes con los
puños y las piernas echando chispas eléctricas. El mago resultó gravemente
herido cuando Lectro le asestó una nueva descarga que lo lanzó y destrozó la
pared de otra nueva casa, brotando sangre por todo su cuerpo.
Lectro sonrió diciendo:
- No eres más que una farsa, otra
leyenda urbana…- luego se acercó unos pasos hacia él mientras con gestos de sus
manos creaba unas barreras de descargas eléctricas-…probablemente eres el más
peligroso de los tres, por eso…para asegurarme de que no me incordies más…te
encerraré en una jaula mágica, y dejaré que seas testigo de la destrucción de
Nautigh y de la muerte de esos dos…- dijo señalando a Marina y Jack.
Las barreras de electricidad apresaron
a Alejandro, y éste se encontraba demasiado débil como para oponerse a ellas.
Se llevó la mano al pecho y agarró un objeto esférico que llevaba colgando del
cuello. Respirando entrecortadamente, éste objeto comenzó a brillar, pero
enseguida lo detuvo:
“No puedo…usarlo ahora…”- pensó
Alejandro- “…es demasiado peligroso…de utilizarlo…podríamos morir todos…”
La esfera que llevaba el mago
legendario dejó de brillar. Por alguna razón, Alejandro prefirió no usar el
poder que encerraba aquel objeto. Levantó la vista volviendo al combate. Encerrado
en aquella poderosa jaula de electricidad no podía hacer nada para ayudar a
Jack y Marina. La única forma de liberarse era venciendo al que la creó. En
aquella ocasión, Lectro se enfrentaría a los dos magos. Ahora todo dependía de
Marina y Jack.
El hombre de negro, al ver ponerse en
guardia a los dos magos, dijo sonriente:
- ¿Qué pasa? ¿Pensáis quedaros ahí
parados sin hacer nada?- preguntó el enemigo- ¡pues vaya forma de proteger el
mundo!
Ambos miraban perplejos el resultado
del combate entre Lectro y Alejandro. El hombre de negro había conseguido
derrotar al mago legendario. En aquellos momentos, a pesar de que su enemigo
parecía estar gravemente herido, Marina podía percibir una enorme cantidad de
aura mágica proveniente del cuerpo de Lectro, tanta como la de Alejandro. Si
había conseguido vencer al mago más poderoso de Limaria, ellos no tenían
ninguna posibilidad de ganar:
- ¿A qué esperáis?- volvió a repetir
Lectro al ver alejarse unos pasos a ambos- ¡vamos, venid a atacarme!
Jack finalmente no lo dudó más, y agarró
con fuerza su bastón mágico. Marina lo siguió y también se dispuso a atacar:
- ¡¡Ahora verás!!- exclamó con furia
Jack- ¡¡toma esta!!
El mago conjuró un hechizo mágico y de
su arma salieron disparados varios témpanos de hielo directos al enemigo. Marina
por su parte, lanzó una gran bola de fuego que, combinado con el hielo, se
convirtió en una técnica letal.
Sorprendidos por lo que sucedió, Lectro
esquivó con facilidad el ataque de ambos, que produjo una explosión, y luego
corrió rápidamente hasta encontrarse frente sus oponentes. Los magos
contemplaron horrorizados cómo el hombre de negro se situó entre ellos, y antes
de que pudieran reaccionar, les asestó una potente descarga eléctrica que los
lanzó un poco más lejos rodando por el suelo a los dos.
Marina lograba levantarse a duras
penas, pero Jack ni siquiera podía apoyar sus brazos para hacerlo. Había
resultado más herido que su compañera, y sus extremidades no le respondían. Aún
podía sentir los calambres eléctricos corriendo por todo su cuerpo, que le
impedían moverse totalmente:
- ¡¡Jack!!- gritó Marina.
- ¿Y esto es todo lo que sabéis
hacer?- dijo Lectro indignado y decepcionado- con el otro al menos me divertí
algo, pero es que vosotros ni siquiera aguantáis un asalto… vaya par de magos
más patéticos…- luego añadió con una sonrisa malévola- A ver… ¿quién quiere
morir primero?
Lectro los miró a ambos y finalmente
se decidió por Jack, que se encontraba más débil. Comenzó a caminar hacia él
con sus manos soltando chispas eléctricas cortantes. Marina y Alejandro se
quedaron perplejos. El mago legendario estaba encerrado en la jaula, y Marina
temblaba como una hoja ante el poder de su enemigo:
- Te mataré a ti primero, por osar
atacarme.
Jack no podía moverse, sus brazos y
piernas estaban paralizados y no le respondían. Marina se maldecía a sí misma
por ser tan débil y no poder ayudar a su amigo. Su aura mágica era
insignificante comparada con la de Lectro, y aún no estaba del todo adiestrada
en el uso de la magia. Aunque quisiera conjurar un hechizo, su falta de
confianza en sí misma la traicionaría y no lo lograría ejecutar. Quería llorar,
por su culpa ahora Jack iba a morir, y no podía hacer nada.
- Reza lo que sepas- dijo Lectro a
punto de darle el golpe de gracia a Jack.
El mago cerró los ojos, esperando su
muerte. Justo en el momento en que Lectro iba a atacar, una repentina y enorme
estrella ninja envuelta en llamas le rajó el brazo. Mientras el hombre de negro
gritaba de dolor, la nueva arma volvió como un boomerang de dónde había venido.
Marina y Alejandro se sorprendieron y
mostraron una sonrisa de alivio al ver que la que había lanzado aquella arma
voladora fue Cristal. Gracias a ella, Jack aún seguía con vida:
- ¡¡Cris…!!- dijo Marina, que corrigió
rápidamente- ¡¡Filipondia!!
- ¡¡Que no me llames por mi nombre,
joder!!- replicó la chica con coletas, furiosa- ¿¡Cómo tengo que decirlo para
que lo entendáis!?
Junto a ella estaban Eduardo y Erika;
en guardia y con sus armas: la llave espada y la vara mágica, y también Rex y
Oliver. Lectro se mostró frustrado ante la nueva visita aliada inesperada, pero
enseguida sonrió maléficamente diciendo:
- Genial…más víctimas para la
colección…
- ¡¡Oye, tú!!- se dirigió Cristal al
enemigo- ¡¡Aquí la única que puede zurrar a ese mago soy yo!!- dijo señalando a
Jack- ¡¡le voy a hacer pagar lo que me ha hecho te guste o no!! ¿¡Entendido!?
Jack sonrió y rió por lo bajo. El
grupo de playa corrió a reunirse con los dos magos, y se pusieron al frente del
combate. Marina sonrió aliviada al ver que llegaban los refuerzos, y supo que
aún la esperanza pervivía. Volvió la vista al hombre de negro que tenían
delante, y terminó de levantarse con la ayuda de sus amigos.
La verdadera batalla estaba a punto de
comenzar.
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