Ya por el capítulo 10, parece que fue ayer cuando estrené el fanfic. Aunque os parezca mentira, a mi resulta difícil creerlo jejeje (y todavía tardaré un tiempo en asimilarlo). He comprobado de primera mano la afirmación de que si te propones algo con fuerza y constancia, puedes conseguir cualquier cosa. Mi vida se ha convertido en una rutina diaria de escribir todos los días, pensando en vosotros mis lectores y seguidores, que sois los que dais vida a este proyecto. Por vosotros me esfuerzo cada día escribiendo parte de esta historia, que me conmueve profundamente compartirla después de varios años abandonada en el olvido. ¡Muchas gracias por seguir Final Fantasy: Memories of a promise!
Y después de este pequeño discurso prosigo con el avance del décimo capítulo, que llevará por título "El rescate de Marina". Tras los sucesos en la mansión Cornelio, nuestros héroes se disponen a salvar a su amiga de las garras de la organización Muerte. Si queréis saber el desenlace de la saga Mugget (el mercado oscuro), no os perdáis el estreno del nuevo capítulo este fin de semana.
jueves, 19 de abril de 2012
domingo, 15 de abril de 2012
Capítulo 9: Batalla en la mansión Cornelio
Capítulo
IX
BATALLA
EN LA MANSIÓN CORNELIO
Jack regresó al callejón donde vio por
última vez a sus amigos, y esperó durante unos minutos a que aparecieran. Había
registrado por completo la carpa del circo y sus alrededores, sin conseguir
ninguna pista sobre el guardián de la fuerza ni otra información relacionada. Afirmó
sin dudarlo que allí no se encontraba lo que buscaban. Le resultó extraño, de
entre todas las funciones y espectáculos del mundo circense, no presenciar al
misterioso payaso diabólico que les recibió en el camino de las montañas.
Al ver que no llegaban, el mago empezó
a preocuparse. No era normal que tardaran tanto, y más cuando él mismo les
advirtió que Mugget no era un lugar seguro para nadie:
- Esto es muy raro…- se dijo a sí
mismo, pensativo- con lo responsables que son ellos, ya deberían estar aquí.
En ese momento, algo en su interior se
estremeció. Con profunda preocupación, dijo:
- No puede ser… ¿no será que…?
Dio rápidamente media vuelta y corrió
para salir del callejón. Algo le decía que les había pasado algo, y debía
ayudarlos cuanto antes. Sólo se le ocurría un sitio en el que podían estar, y
deseó con todas sus fuerzas llegar antes de que fuera demasiado tarde.
Eduardo despertó en un lugar oscuro,
en una estancia pequeña. Abrió poco a poco los ojos. Se sentía cansado y agotado,
notó que le dolían las extremidades, y le costaba moverse. Vio sorprendido a
Erika y Marina tiradas en el suelo, inconscientes a su lado. Tras unos minutos
de descanso, logró levantarse. Le flaqueaban las piernas, así que tuvo que
ponerse de rodillas:
- ¡Erika, Marina, despertad!- les dijo
mientras las zarandeaba con las manos- ¡no es momento de dormir!
Finalmente las chicas despertaron,
también con dolores en todo el cuerpo. Les costaba levantarse, pero las magas
usaron un hechizo curativo para resolver el problema. Tras el proceso, los tres
se levantaron nuevamente y miraron a su alrededor el lugar en el que se
encontraban:
- ¿Dónde estamos?- preguntó Erika,
tratando se situarse.
- Yo diría que en los calabozos de la
sala de torturas…- afirmó Eduardo aferrándose a los barrotes y mirando al fondo
del pasillo- allí está la mesa con cadenas que vimos no hace mucho.
Marina alzó la vista al techo y logró
ver una trampilla en lo alto:
- Hemos debido de caer desde allí
arriba- dedujo pensativa- seguramente tenemos encima de nuestras cabezas los
aposentos de Cornelio. Su trampa nos ha encerrado aquí abajo.
- Bueno, sea lo que sea tenemos que
salir de aquí- dijo Erika- quién sabe lo que ese viejo magnate querrá hacer con
nosotros…
- ¡Silencio!- gritó el mayordomo que
los recibió en la entrada. Se acercó por el pasillo y les dijo- el señor
Cornelio pide silencio antes de los juegos.
- ¿Los juegos? ¿De qué estás
hablando?- interrogó Eduardo.
- ¿Ah, no lo sabíais? Don Cornelio
planea divertirse un rato con vosotros viéndoos sufrir…antes de entregaros a la
Muerte- añadió con una sonrisa malévola.
- ¿¡Qué!?- exclamaron los tres al
unísono.
- ¿De qué conoce ese viejo a la
Muerte?- exclamó Erika, sorprendida.
- Podríamos decir que son compañeros
de negocios, nada más…- dijo el sirviente- a estas alturas ya les habrá
comunicado vuestra presencia en Mugget y no creo que tarden mucho en llegar
aquí.
- ¡Maldito seas, sácanos de aquí!-
exigió la chica- ¡no puedes hacernos esto!
- Ya lo he hecho…- dijo sonriendo
maléficamente- que os sea leve en los juegos.
Tras eso, el mayordomo dio media
vuelta y subió por las escaleras que daban a la salida, dejándolos en los
calabozos. En su mano llevaba la llave para abrir la celda que los encerraba.
Fue entonces cuando Erika bajó la
cabeza, apoyándola en los barrotes, y suspiró:
- No puede ser…esto no puede acabar
así…
- Si hubiera alguna forma de abrir
esta celda…- dijo el chico, deprimido.
En ese momento Eduardo se sorprendió
al aparecer mágicamente la llave espada en la mano y que ésta se alzara por sí
sola a la cerradura. Ésta última brillaba misteriosamente:
- ¿¡Eh, pero qué…!?- exclamó perplejo.
Se oyó el mecanismo que accionaba el
sellado de una puerta. Tras eso, la cerradura dejó de brillar y la llave espada
volvió a ser inerte en la mano de su portador:
- ¿Qué ha…pasado?- preguntó el chico,
aún confuso.
Marina se acercó a la puerta y,
sorprendentemente, ésta estaba abierta:
- ¡Esa arma que llevas ha abierto la
puerta!- exclamó la maga, perpleja- ¿pero cómo lo has hecho?
- ¡No…no lo sé!- dijo Eduardo,
sorprendido- ¡yo no he hecho nada, ha sido ella sola!
- ¡Después de todo es una llave!-
sonrió Erika- ¡seguro que es capaz de abrir cualquier puerta!
El chico paró a pensar un momento en
lo sucedido. Había descubierto una nueva habilidad de la arma sagrada que
seguro le sería muy útil en el futuro. Con una sonrisa de oreja a oreja, dijo
animadamente:
- ¡Qué guay, puedo abrir cualquier
puerta!
Enseguida se les fue la alegría y la
felicidad al recordar que todavía no estaban a salvo. Marina dijo seriamente:
- Vamos, tenemos que salir de aquí.
Los dos jóvenes asintieron con la
cabeza. Con las armas en la mano, corrieron y subieron escaleras arriba
directos a la salida. Llegaron a la parte superior del gran salón, y bajaron
corriendo las escaleras en dirección a la enorme puerta que conducía a la
libertad.
Poco antes de que la alcanzaran, ésta
se abrió e hizo acto de presencia el magnate, mientras la puerta se cerraba
tras él:
- ¡¡Cornelio!!- exclamaron
sorprendidos, al tiempo que se detenían.
- ¿Ya os váis? ¿Tan pronto?- sonrió
malévolamente- pero si todavía quedan invitados por llegar.
- ¡Cállate!- dijo Erika- ¡nos vamos a
ir y tú no podrás impedirlo!
- ¡Apártate si no quieres acabar como
todos tus esbirros!- amenazó Eduardo.
El hombre soltó carcajadas en alta voz
mientras reía maliciosamente:
- ¿De qué te ríes?- preguntó Erika,
molesta.
- Os equivocáis- dijo sin miramientos-
me habéis ganado una vez, pero ésta vez será diferente.
- ¿Qué quieres decir?- dijo Marina,
preocupada.
- Ahora lo sabréis.
Cornelio chasqueó los dedos y tras un
breve temblor brusco, un agujero se abrió del techo y de él cayó rápidamente un
hombre armado. Éste, agachado y con su espada ancha y larga, intimidó con su
presencia a las dos magas y al joven espadachín.
El nuevo individuo se levantó
lentamente y dirigió su mirada hacia ellos. Sus ojos fríos le recordaron a
Eduardo a los de Asbel cuando se enfrentó a Jack la última vez que le vieron.
Aquel tipo desde luego parecía peligroso:
- ¿Me llamaba, señor?- dijo con voz
profunda.
- Sí, Ranor…quiero que acabes con esta
escoria- ordenó el magnate.
- Como ordenes, mi señor.
El nuevo enemigo se puso en guardia,
al igual que los elegidos y Marina. Ésta última se asustó. Sabía quién era ese
hombre, había oído hablar de él y temblaba de miedo con sólo verlo:
- ¿Marina?- preguntó Eduardo,
sorprendido al verla de aquella forma.
- No puede ser, es…es él- dijo a
medias palabras.
- ¿Quién?- añadió Erika.
- Ranor…más conocido como el
sanguinario…- explicó la chica- es un famoso asesino en serie que mata a
cualquiera que se propone. Los que se atreven a hacerle frente acaban
muertos…sólo le he visto un par de veces en fotos, pero nunca antes en persona…no
sabía que trabajara para Cornelio.
El magnate comenzó a hablar en ese
momento diciendo:
- Llevo gobernando Mugget desde que
llegué a este lugar…todos los de esta ciudad me reconocen y respetan por ser uno
de los más ricos y poderosos multimillonarios de las altas esferas… y no
permitiré que una pandilla de críos echen por los suelos mi tan preciada reputación…-
y señaló con su brazo hacia ellos tras decir- le ahorraré trabajo a la Muerte…
¡Ranor, mátalos!
Fue entonces cuando el asesino armado
corrió rápidamente hacia ellos con su espada en mano para atacarlos. Marina
gritó en ese momento:
- ¡¡Cuidado, ahí viene!!
Aquel enemigo era endiabladamente
rápido. Llegó hasta ellos en cuestión de segundos y no les dio tiempo a
reaccionar. Antes de que pudieran hacer algo, Ranor movió rápidamente su espada
y creó un tornado de cuchillas que hirió a los tres miembros y los empujó un
poco más lejos, rodando por el suelo en distintas direcciones.
Heridos y con la sangre brotando por
sus cortes en brazos y piernas, se levantaron con esfuerzo mientras Ranor los
miraba tranquilo y sereno con sus ojos frios y asesinos. Parecía un cazador
dispuesto a lanzarse a su presa:
- A ver… ¿quién quiere ser el primero
en morir?- preguntó girándose a los tres.
Eduardo temblaba con la llave espada
en la mano. Nunca antes se habían enfrentado a un enemigo semejante, y dudaba
sobre las escasas posibilidades que tenían de vencerlo. Ninguno de los tres era
tan fuerte y poderoso como Jack y, por primera vez desde que se embarcaron en
la aventura, no tenían su ayuda ante el peligro. Aquella vez el mago no estaba
allí para protegerlos, y tenían que arreglárselas solos en aquel duro combate.
Marina por su parte miró a Eduardo y
Erika, tambaleándose heridos:
“Esto se pone feo…”- decía la chica en
su mente- “no estamos al nivel de Ranor, es imposible que alguno de nosotros
pueda hacerle frente…a no ser que juntemos nuestras fuerzas…es la solución que
se me ocurre… y la única para vencerle”.
La maga volvió a centrar su atención
en Ranor, quién dijo en ese momento:
- Bueno, si nadie se ofrece
voluntario, entonces elegiré yo.
El asesino miró a Erika, ésta última
perpleja, y corrió a atacarla. La chica, asustada, puso por delante la vara
mágica y la usó como escudo para intentar bloquear el próximo ataque de su
enemigo:
- ¡No te lo permitiré!- exclamó la
maga.
Marina no lo dudó ni un momento y,
gracias a sus entrenamientos con Jack, había logrado desarrollar su aura
mágica. Conjuró con su arma un ataque mágico en forma de tornado que fue
directo a Ranor. El espadachín se anticipó al hechizo y logró esquivarlo sin
problema, para sorpresa de la chica.
Fue entonces cuando Ranor cambió de
objetivo y corrió rápidamente hacia la maga:
- ¡¡Marina, cuidado!!- gritaron los
dos jóvenes.
El asesino se plantó delante de ella
antes de que se diera cuenta. Marina, con la cara pálida, contempló ante sus
ojos la mirada asesina de Ranor:
- Los que osan atacarme son los
primeros en morir.
Tras eso, le propinó un mandoble con
el filo de su espada sin piedad, que la tiró al suelo mientras la maga gritaba
de dolor:
- ¡¡Marina!!
La maga, herida y sin poder moverse,
se encontraba a merced de Ranor. Éste se disponía a darle el golpe de gracia
cuando Erika finalmente reaccionó. Lanzó una bola de fuego al mismo tiempo que
corría hacia él, tratando de distraer su atención. Tal y como esperaba, volvió
a esquivar el ataque, y el enemigo se alejó de un salto de la maga, un poco más
lejos.
Eduardo tampoco se quedó atrás y
corrió a reunirse con sus compañeras. Estaban de nuevo los tres juntos:
- ¿Estás bien?- preguntaron cuando
llegaron hasta ella.
- Sí, eso creo…- dijo Marina,
aguantando el dolor- muchas gracias, Erika…intentaré curarme con mi magia…pero
eso implica que no podré atacar…
En ese instante a Eduardo le pasó
fugazmente por la cabeza la imagen del mago. Por alguna razón, al ver a Marina
en aquel estado se acordó de su amigo Jack, tras la pelea con Asbel. Recordó
las palabras que le había dicho el mago días atrás:
“No sé qué pensarás tú, pero…a mi no
me pareces débil ni cobarde en absoluto- le dijo Jack con una sonrisa- sólo
necesitas más confianza en ti mismo…estoy seguro de que dentro de ti hay un
inmenso poder, esperando que despierte y demuestre toda su fuerza…y creo
firmemente que algún día, tarde o temprano, lo hará”
Fue desde ese día cuando Eduardo
empezó a meditar. Aquellas palabras lo animaron a dejar a un lado sus miedos y
a tener más confianza en sí mismo. Sus dudas y preocupaciones poco a poco desaparecían
de su corazón, llenando en su lugar valor y seguridad. Deseaba que llegara el
momento en que pudiera demostrarse a sí mismo que iba a cambiar, a ser más
valiente y a superar sus miedos. Supo sin duda que aquel momento, aquella
oportunidad, había llegado. Con la mirada decidida, el chico se puso delante de
las dos magas con su arma en la mano y en guardia:
- ¿Eduardo, qué estás haciendo?-
preguntó Marina, confusa.
- ¿Necesitáis tiempo…verdad? Yo me
encargaré de entretenerle.
- ¿¡Edu, estás loco!? ¡Te matará!-
exclamó Erika- ¡Voy contigo!
- ¡No! ¡Entre dos acabaréis antes con
la magia Cura!- respondió él- además, yo he sido el único que no ha hecho nada
hasta ahora… ¡me toca a mi ayudaros!
- Pero…
- ¡Por favor Erika, confía en mí!-
dijo el chico, firmemente.
Tras unos segundos de duda, ambas
asintieron con la cabeza y comenzaron a curar a Marina. Mientras tanto Ranor,
al ver que Eduardo iba a ser el único que luchara contra él, añadió con indiferencia:
- Debes de estar muy seguro de ti
mismo para luchar tú solo…- y luego sonrió maléficamente diciendo- tranquilo,
haré que muy pronto vuelvas a sentir el miedo de hace un rato.
El espadachín corrió nuevamente hacia
él, para sorpresa de todos. Eduardo intentó sobretodo mantener la calma.
Recordó los entrenamientos diarios con su antiguo maestro Asbel, y las tantas
veces que cayó derrotado ante él. Dejó su mente en blanco y trató de
concentrarse en su enemigo.
Justo antes de que Ranor le alcanzara
con el filo de su arma, el chico logró bloquear milagrosamente el ataque con la
llave espada. Ambos rivales se encontraban cara a cara, con las espadas de por
medio:
- No está mal para ser un crío…-
sonrió Ranor- sin embargo, puedo notar que tras tu falsa valentía se esconde un
niño cobarde incapaz de proteger a nadie.
- ¡Cállate!- respondió Eduardo
firmemente- ¡no permitiré que hagas daño a nadie, y menos a las personas que
más quiero!
Erika oyó estas últimas palabras con
asombro, y Marina se dio cuenta de ello. Ranor siguió con una maliciosa sonrisa
en su rostro mientras decía:
- Tanta confianza en ti mismo puede
llevarte a la derrota…y lo sabes.
- ¿Qué?- preguntó Eduardo.
El asesino aprovechó el momento de
descuido del chico para usar su increíble fuerza y desarmarlo de la llave
espada. Eduardo no tuvo tiempo de reaccionar y su enemigo le arremetió con el
filo de su arma para rajarle el pecho y enviarlo por los aires un poco más
lejos, que acabó rodando por el suelo:
- ¡¡Eduardo!!- gritaron las chicas.
Ranor caminó lentamente hasta él y se
detuvo a medio camino, mientras el joven trataba de levantarse, herido:
- Veamos si puedes con esto, mocoso.
Todos se sorprendieron al ver al
asesino desaparecer repentinamente. Eduardo buscó a su enemigo por todos lados
con la mirada, sin resultados. Un silencio absoluto se apoderó del lugar, del
que sólo se oían las fuertes corrientes de aire que atravesaban el vestíbulo
del gran salón de la mansión. El chico y las dos magas tardaron varios segundos
en darse cuenta de lo que ocurría:
- ¡¡Eduardo, cuidado!!- le advirtieron
Marina y Erika.
Pero era demasiado tarde. Tan rápido
como la velocidad de la luz, Ranor asestó más de treinta golpes con su espada
mientras el chico, incapaz de resistir y escapar de esa lluvia de ataques
consecutivos, gritaba de dolor y desesperación.
Erika veía horrorizada aquella masacre
y no podía soportarlo. Con lágrimas en los ojos dijo, cada vez más alto:
- Basta…por favor, detente… ¡¡Basta!!
Tras una insoportable tortura,
finalmente Ranor volvió a la normalidad, y Eduardo cayó al suelo. Estaba
inmóvil, cansado, temblando, respiraba entrecoratadamente y le dolía todo el
cuerpo, con numerosas heridas que brotaban sangre. Sentía que poco a poco iba
perdiendo el conocimiento. El mareo hacia que viera a su enemigo frente a él un
poco borroso:
- Esperaba más de ti, muchacho. Por un
momento pensé que había encontrado a un
rival digno de mí, pero veo que me equivocaba…- dijo Ranor tranquilamente-
bueno, ¿qué más da? ¿Qué se puede esperar de alguien como tú?
Ranor alzó su espada para rematar a
Eduardo:
- Ya no importa, considero tu valor
para darte la muerte que mereces.
Erika aún no había terminado de curar
a Marina. La chica veía cómo su amigo estaba completamente a merced del
enemigo, y que éste iba a ponerle fin a su vida. No lo pensó más, se levantó y
corrió directa hacia ellos con la vara mágica en la mano. Marina se dio cuenta
de sus intenciones, y con el horror en su rostro dijo:
- ¡¡Erika, no!! ¡¡Vuelve aquí!!-
gritaba la maga- ¡¡No lo hagas!!
Pero ya era demasiado tarde. La chica
corría rápidamente hacia Eduardo y Ranor, con un único objetivo en mente. El
asesino finalmente dijo, con una sonrisa malévola:
- Muere.
Impulsó su espada hacía el chico, y
éste cerró los ojos esperando su muerte. Sin embargo, algo detuvo el arma de
Ranor. Eduardo abrió poco a poco los ojos y, perplejo y horrorizado al mismo
tiempo, vio algo que quedó grabado para siempre en su memoria.
Su corazón se sitúo en dos latidos al
ver frente a él a Erika interpuesta entre éste y Ranor. La espada ensangrentada
del asesino le atravesaba el torso, y la sangre de la joven goteaba por su
filo. Ranor también se sorprendió con lo que había ocurrido.
Tras unos segundos, Ranor retiró su
arma de la chica y se alejó de los jóvenes. Erika cayó de espaldas en los
brazos de Eduardo, que la sostuvo en el suelo junto a él. Todavía no podía
creerse lo que había pasado:
- Erika… ¿por qué?- le dijo el chico,
perplejo.
La joven trataba de hablar con
esfuerzo, expulsando sangre por la boca:
- Por…porque…Edu…yo…te…
La chica no pudo terminar de hablar.
Cerró los ojos y perdió el conocimiento mientras una lágrima caía por su
mejilla y sonreía. A Eduardo se le llenaron los ojos de lágrimas cuando la vio
inerte y sin vida en sus brazos.
En ese momento sintió una profunda
rabia e ira dentro de él. Su corazón se envolvió en un oscuro manto de
tinieblas que crecía cada vez más en su interior. Un misterioso poder que nunca
antes había experimentado se apoderaba del chico, un poder que le daba fuerzas
y energía suficiente para lograr cualquier cosa.
Eduardo dejó llevarse por ese extraño
poder que crecía dentro de él, y su corazón se tiznó de oscuridad. En aquellos
momentos sólo quería hacer una cosa, y aquella nueva fuerza era la única con la
que podía lograrlo.
Ranor permanecía alejado de los dos
jóvenes, a la espera de lo que decidiera hacer Eduardo. El chico estaba de
espaldas a su enemigo:
- Esa chica ha decidido sacrificarse
para salvar tu vida…- dijo el asesino, sorprendido- sin duda admirable, una
muerte apropiada para semejante necia…
- ¡¡Cállate!!- gritó Eduardo- ¡¡No
sabes nada de ella!!
El joven dejó a Erika con suavidad en
el suelo y se levantó lentamente hasta ponerse en pie. En su mano apareció
mágicamente el arma sagrada, sólo que con un pequeño detalle que nunca antes
había visto la maga. Los ojos del dragón del filo de la llave espada brillaban
intensamente de amarillo, cosa que normalmente no era así:
- Jamás te perdonare lo que has
hecho…- dijo el chico de espaldas a ellos.
Tanto Marina como Ranor detectaron
algo extraño en él, y lo notaron enseguida cuando el chico dio media vuelta
para mirar de frente a su enemigo. Ambos palidecieron al ver que las pupilas de
Eduardo cambiaron radicalmente y ya no eran las de antes. Sus pupilas ya no
eran humanas, sino las de un animal salvaje.
Marina se horrorizaba a cada momento
que pasaba. Jack le había enseñado una vez que ella era especial y podía ver el
aura mágica de las personas con sólo notar su presencia. En aquella ocasión vio
a su amigo y ella misma temblaba al encontrarse cerca de él:
“¿¡Pero qué…qué significa esto!?”-
pensó en su mente, asombrada- “¡Su aura mágica es extraña a todas las que he
visto hasta ahora…está creciendo por momentos…y a una velocidad increíble! ¿¡De
verdad ése es…Eduardo!?”
Mientras tanto, Cornelio observaba
sorprendido el transcurso de la batalla desde la parte superior del vestíbulo.
También se dio cuenta de que el joven se mostraba extraño desde entonces,
aunque aparentemente siguiera siendo el mismo:
- ¿De verdad crees que vas a asustarme
con ese repentino cambio de personalidad?- preguntó Ranor, tras soltar una
carcajada- sigues siendo el mismo crío débil de hace unos instantes, y lo
demostraré.
El asesino corrió a atacar al chico
con su espada, mientras éste permanecía tranquilo y con la mirada seria. Marina
temió lo peor al ver que su amigo no reaccionaba ante el peligro, pero se
sorprendió al ver justo lo contrario. Con el rostro perplejo y la boca abierta,
vio cómo Eduardo bloqueaba sin esfuerzo con su arma la espada ancha del
enemigo. Éste también se sorprendió notablemente al ver que el chico ni se
inmutaba:
- ¿¡Pero qué…!?- dijo Ranor, sin
palabras.
Como si de una pluma se tratara,
Eduardo desarmó a su enemigo y mandó volar su arma por los aires, partiendola por la mitad. Rápidamente
le propinó un puñetazo en el estómago que lo inmovilizó de dolor, seguido de un
frenético giro rápido de trescientos sesenta grados con el que le asestó un
brutal golpe con la llave espada. El impacto del ataque lanzó al asesino a gran
velocidad y acabó rodando por el suelo un poco más lejos. Los ojos de Cornelio
se volvieron tan grandes como platos al ver a su mejor esbirro en problemas y
clara desventaja. Marina tampoco podía creer lo que veía.
Eduardo caminó lentamente hasta Ranor,
mientras éste trataba de levantarse y escupía sangre por la boca. Le dolía todo
el torso, y se quejaba a cada movimiento que hacía. Sentía que tenía varias
costillas rotas, las cuales le inmovilizaban y no podía moverse. Alzo la vista
con esfuerzo al joven, que caminaba directo hacia él. Su mirada fría y seria,
además de sus pupilas animales, le transmitieron un profundo miedo al asesino
que no pudo ocultar:
- ¡¡No…no te acerques!!- gritó Ranor,
asustado y desesperado- ¡¡aléjate de mí!!
Trató de huir, pero le fue imposible.
Su caja torácica estaba en gran parte destrozada, y el dolor le impedía
moverse. Eduardo se acercaba lentamente:
- Pagarás por lo que has hecho…- decía
seriamente el joven.
Cuando llegó justo frente a él, Ranor
tan sólo pudo pronunciar, paralizado por el miedo reflejado en sus ojos:
- ¿¡Quién…qué eres!?
- Tu peor pesadilla- respondió Eduardo
con voz profunda.
Tras eso, asestó sin piedad con la
llave espada el golpe de gracia que acabó con la vida de Ranor para siempre.
Aquello dejó sin palabras a Marina y
Cornelio, los únicos presentes de aquella feroz batalla que por fin había
terminado. Cuando acabó el combate, Eduardo volvió a la normalidad
repentinamente, y cayó al suelo inconsciente. Las pupilas del chico volvieron a
ser las humanas de siempre, y los ojos del dragón de su llave espada dejaron de
brillar como antes. El arma sagrada desapareció mágicamente cuando su portador
perdió el conocimiento.
- No…no es posible…- temblaba
Cornelio, perplejo- ¿Por qué…cómo ha…quién es…ese chico?
De repente sintió una presencia detrás
de él, y antes de que diera media
vuelta, una puñalada en su espalda le hirió de muerte. Se palpó con las manos,
y en ellas descubrió su propia sangre. Con las fuerzas que le quedaban, pudo
ver a un hombre de negro encapuchado, el responsable de su muerte. Lo último
que vio antes de morir fue la sonrisa maléfica de su rostro mientras le decía:
- Ya no me eres útil, viejo…a partir
de ahora, yo me encargaré de los elegidos.
Marina había terminado de curarse la
herida. Corrió rápidamente hasta su amiga Erika, tumbada en el suelo un poco
más lejos, deseando con todas sus fuerzas que todavía siguiera con vida. Sonrió
y exclamó de júbilo al comprobar que la espada de Ranor no le había alcanzado
ningún punto vital, y se dispuso a curarla de inmediato con su magia.
La joven había tenido mucha suerte de
que sobreviviera a aquella acción suicida, pero sus intenciones le demostraron
a la maga que Erika intentaba salvar a su amigo con todas sus fuerzas, aunque
ello pusiera en peligro su propia vida:
- Marina…- dijo la chica, despertando
poco a poco- ¿qué ha…pasado?
- Tranquila, ya ha pasado todo…-
sonrió ésta- Ranor ya no volverá a hacer daño a nadie nunca más.
- ¿¡Ranor!?- exclamó la chica,
levantándose de golpe y chillando de dolor.
- ¡Espera, que todavía no te he curado
la herida!- dijo Marina- ¡necesitas descansar!
Ante la cabezonería de la joven, que
era muy testaruda, la maga la ayudó a levantarse, apoyada en ella. Erika vio el
cadáver de Ranor a lo lejos, perpleja:
- ¿¡Qué ha pasado aquí!? ¿¡Cómo es que
nuestro enemigo está…!? ¿¡Quién lo ha…!?- de repente se acordó de alguien, y
exclamó- un momento… ¿¡y Edu!? ¿¡Dónde está!?
Marina señaló al chico y ambas
corrieron a reunirse con él. Erika lo cogió en sus brazos y trató de
despertarle, sin resultados:
- ¡Edu, Edu despierta!
- No lo hará, pero tranquila…- sonrió
Marina- sólo se ha desmayado.
La chica suspiró aliviada, y lo miró
sonriente:
- Menos mal…
En ese momento ambas sintieron nuevas
presencias, y no precisamente buenas. Alzaron la vista al frente y por la gran
puerta principal entraron un grupo de guardias de Cornelio, liderados por un
hombre de negro encapuchado. Se dieron cuenta de que se trataba de un miembro
de la organización Muerte, y no eran Magno o Helio, sino alguien que no
conocían hasta entonces. Un hombre de mediana edad que llevaba gafas:
- ¡Bravo, extraordinario…nunca pensé
que un mocoso humano tuviera tanta fuerza!- dijo retirándose la capucha y
dejando su rostro al descubierto- He visto con detalle todo el combate, y ésta
es la clara prueba de que debo mataros a todos. Si no, nos traeréis problemas
en el futuro.
- ¿Quién eres?-preguntó Erika.
- Me llamo Rodvar, y soy el científico
oficial de la organización Muerte. Yo soy el encargado de llevar a cabo los
proyectos y experimentos que tenemos en mente, por el bien y la salvación de
Limaria.
- ¡Mientes!- gritó la chica- ¡vosotros
lo que queréis es destruir el mundo!
Rodvar rió y después añadió:
- Una pobre niña como tú es incapaz de
entender lo que ocurre con este asqueroso planeta, maldecido por la codicia y
la avaricia humana. Lo que nos interesa es volver a comenzar, a resucitar
Limaria de sus cenizas.
El hombre de negro comenzó a caminar
hacia ellos:
- Y para lograrlo debemos matar a los
elegidos, los que impiden que se cumpla el milagro.
Marina se puso en guardia con su
varita frente a Erika. La joven permanecía en el suelo, sujetando a su amigo
inconsciente:
- ¡No permitiré que les hagas daño!
Rodvar se detuvo y miró detenidamente
a la maga. Enseguida la reconoció y sonrió maléficamente:
- Vaya, así que una Numu… pensé que se
habían extinguido hace años, pero veo que me equivocaba…debes de ser una de las
últimas supervivientes.
- ¿De qué estás hablando?- preguntó la
maga, confusa.
- No me digas que aún no sabes quién
eres…
- ¡No sé de qué me hablas!- exclamó la
maga- ¡y por supuesto tampoco pienso ir contigo!
- Oh, ¿en serio?- dijo Rodvar- no me dirás
lo mismo cuando veas esto.
Tras un gesto con su brazo, el
científico de negro hizo aparecer un pequeño agujero oscuro en el aire, en el
que podía verse a una anciana en una celda oscura, tumbada en el suelo y
desmayada. La chica reconoció enseguida quién era:
- ¡¡Mamá!!
El agujero oscuro se desvaneció unos
segundos después, dejando a la maga enfurecida:
- ¡Soltadla malditos, ella no tiene
nada que ver con esto!
Fue entonces cuando a Rodvar le cambió
su rostro y se le formó una sonrisa maléfica:
- La única forma de que la soltemos es
que vengas con nosotros… si no, la anciana morirá.
Marina palideció. Se quedó unos
segundos pensativa, tratando de asimilar la situación. Se trataba de la vida de
su madre, quien la había criado y cuidado desde que era un bebé:
- ¡No lo hagas, Marina!- gritó Erika-
¡es una trampa!
La maga los miró, y después volvió sus
ojos a Rodvar. Con la mirada decidida, dijo firmemente:
- Sólo iré con vosotros si prometéis
no hacerles daño.
El hombre de negro lo meditó mirando a
los dos jóvenes, y tras pensárselo un poco, respondió:
- Está bien, ven aquí.
La maga miró a su amiga tristemente, y
le dijo con pesar:
- Lo siento, Erika.
La joven gritaba tratando de que hacer
cambiar de opinión a Marina, pero era imposible. Ya había tomado una decisión.
Su compañera caminó lentamente hasta Rodvar y sus escoltas, quienes la
esposaron y se la llevaron.
Erika se quedó en el suelo, junto a su
amigo inconsciente, mientras veía cómo sus enemigos se llevaban a Marina por la
gran puerta principal. Ahora estaba sola y sin saber qué hacer. Deseó con todas sus fuerzas que Jack
estuviera allí con ellos.
sábado, 14 de abril de 2012
Mañana estreno del capítulo 9
Por fin, después de tanto esfuerzo, aquí os amenizo la espera del siguiente capítulo de Final Fantasy: Memories of a Promise. Estoy escribiendo la parte final del mismo, y espero tenerlo listo para mañana. Su título será "Batalla en la mansión Cornelio", y en él nuestros héroes tendrán que enfrentarse a un nuevo y poderoso enemigo. ¿Lograrán escapar de la trampa del multimillonario magnate? ¡La respuesta: mañana! ¡no os lo perdáis!
lunes, 9 de abril de 2012
Paciencia público, paciencia xD
Debido a que noto, desde el pasado fin se semana, el doble de visitas que de costumbre, he decidido publicar esta entrada para aclarar (sobretodo a los nuevos seguidores) que no os impacientéis y miréis si ya se ha publicado un nuevo capítulo. Alomejor me equivoco y en realidad entráis para ver otros enlaces, no lo sé (y de hecho me encanta ver muchas visitas, eso significa que la gente está animada con el blog) pero dicho sea de paso lo comunico por si alguien no se ha enterado.
Los capítulos de este fanfic suelo publicarlos todos los fines de semana sin excepción (de momento), por lo tanto eso equivale a 1 capítulo por semana. Debido, entre otras cosas, a los estudios y todo ese tema aparte, no dispongo de mas tiempo para escribir un poco todos los días, pero más o menos me organizo los cinco días de la semana para escribir un capítulo entero y tenerlo listo para el sábado o el domingo. Si me retraso, es porque no he podido o no he tenido tiempo, y espero que lo comprendáis. Según mi opinión, no os podréis quejar de las tardanzas, ya que un capi por semana me parece muy asequible. A mí me agrada y anima saber que hay personas interesadas en este fanfic, la prueba clara de cada capi por semana, y me gustaría que fuera así durante mucho tiempo más.
Dicho todo lo demás, aclaro que la historia tiene más o menos alrededor de 50 capítulos hasta la fecha (tranquilos, no creo que llegue a 60). Si os ponéis a contar y sumar un poquito, comprobaréis que las semanas de su lectura no son moco de pavo. Tan sólo os pido paciencia y, si para esas fechas todavía seguís leyendo, daros profundamente las gracias. Tan sólo os aseguro que la espera merecerá la pena.
Y para terminar os adelanto que ya he empezado a escribir el noveno capítulo, que espero poder estrenarlo, como de costumbre, este fin de semana. ¡Muchas gracias por seguir Final Fantasy: Memories of a Promise!
sábado, 7 de abril de 2012
Capítulo 8: El insólito mercado oscuro
Capítulo
VIII
EL
INSÓLITO MERCADO OSCURO
El grupo decidió continuar con el
viaje, a pesar de los últimos hechos ocurridos con Asbel. Debían seguir
adelante para llevar a los elegidos al templo sagrado, el cual aún se
encontraba muy lejos de allí. El tiempo pasaba volando y si no se daban prisa,
cuando se fueran a dar cuenta ya sería demasiado tarde.
Un día, paseando por un recinto rocoso
en medio de la montaña, una carroza de colores semejantes a los del circo,
tirada por caballos, pasó por delante del grupo y se detuvo frente a ellos. A
Eduardo le resultó raro ver por aquellos parajes desérticos dónde no pasaba
nadie el mundo del circo. El jinete, un payaso con maquillaje de lo más
terrorífico, saludó con una falsa sonrisa:
- Hola, forasteros, ¿vais de camino al
mercado Mugget? ¿Queréis que os lleve?
- ¿Mercado Mugget?- preguntó Eduardo,
confuso- ¿qué es…?
Antes de que dijera una palabra más,
Jack le tapó la boca con la mano y dijo:
- No, gracias, no tenemos intención de
visitar ese lugar.
- Como queráis…- sonrió el payaso de
forma siniestra- vamos de gira por los más recónditos lugares de Limaria
divirtiendo a la gente, y os recomiendo no perder la actuación que se llevará a
cabo en Mugget dentro de muy pronto.
- ¡Anda! ¿y habrán espectáculos, risas
y sorpresas?- preguntó Erika, curiosa.
- ¡Para todos los públicos, pequeña!-
dijo con picardía- ¡habrán muchas cosas, pero sobretodo sorpresas…quién sabe,
incluso puede que hasta un G.F aparezca del sombrero mágico!
Aquella última frase dejó dudas y
sospechas en Jack, que se mantuvo callado esperando que el payaso se fuera:
- ¡Muchas gracias por la información!-
sonrió Erika- ¡ya veremos si vamos o no!
El payaso sonrió maliciosamente de
nuevo diciendo:
- Eso espero…nos vemos.
Después de eso, tiró de los caballos y
estos comenzaron a andar, mientras Erika agitaba el brazo a los lados para
despedir el jinete. La carroza se alejó de allí hasta desaparecer un poco más
lejos, levantando polvo tras su paso:
- ¡Qué payaso más simpático! ¿Verdad?-
señaló Erika.
- Pues a mí no me ha gustado un pelo-
comentó Eduardo- más bien daba miedo.
- No creo que sea buena idea ir a
Mugget- dijo Marina un poco asustada- recuerdo que mi madre me prohibía
acercarme a las afueras del lugar.
- Y cuánta razón tenía- afirmó Jack,
seriamente- ese lugar no es tranquilo ni pacífico, y mucho menos seguro para
que nadie vaya sólo.
- ¿Qué es Mugget?- insistió Eduardo,
que aún no se había enterado de nada.
- Mugget, más conocido como el
“mercado oscuro”- explicó Jack- es el sitio en el que se reúnen las mayores
oportunidades de compra-venta de los objetos más raros de Limaria. Ahí se lleva
a cabo la economía sumergida de los productos ilegales, y por tanto, es el
lugar de residencia de numerosos magnates que buscan objetos exclusivos y los
venden para enriquecerse económicamente.
- ¿Y dónde ves el peligro?
- ¿No lo entiendes?- exclamó Jack- ¡en
ese lugar a la gente sólo le interesa el dinero, e incluso mata por conseguirlo!
Por eso todos los viajeros evitan pasar por ahí, precisamente porque los atracan
y les roban todas sus pertenencias.
- Entonces será mejor que nos
olvidemos de ir a Mugget… ¡jo, y yo que quería ver el espectáculo del circo!-
dijo Erika.
En ese momento, Jack dijo seriamente:
- Pues aún estas a tiempo de verlo.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó Marina,
confusa.
- ¿No os fijasteis en sus últimas
palabras? Era una indirecta para que fuéramos a Mugget- mencionó el mago- el
G.F del que nos habló se refería a un guardián de la fuerza, justo uno de los
objetivos que andamos buscando.
- Es verdad, necesitamos reunir a los
G.F para poder acabar con Meteorito…- recordó Eduardo, pensativo, y luego dijo
con una sonrisa a medias- por cierto… ¿Qué eran los G.F?
Jack se llevó la mano a la cara y
luego volvió a decir:
- ¡Parece mentira que a estas alturas
no lo sepas! A ver, los guardianes de la fuerza, con la abreviatura G.F, son
poderosos aliados que viven en pequeñas esferas de colores. Éstos protegen a
sus portadores y pueden ser invocados en la batalla para que luchen a tu lado y
ayudarte a conseguir la victoria…- explicó el mago- sus poderes alcanzan un
nivel superior al de cualquier ser humano, y por ello son muy fuertes
¿entiendes ahora por qué los necesitamos para nuestra misión?
- ¡Sí, entendido!- exclamó el chico
firmemente- ¡a partir de ahora no lo olvidaré!
- Más te vale- le dijo Jack mientras
le regañaba los ojos, amenazante.
- ¿Pero al final vamos a ir a Mugget o
no?- preguntó Erika, retomando el tema.
- ¿Y si lo que nos dijo ese payaso
podría ser una trampa?- añadió Marina.
- Puede que tengas razón y sea una
trampa…quizá eso del G.F no sea más que una farsa para que piquemos en el
anzuelo…- dijo Jack, pensativo-…pero si se trata de un G.F, no podemos permitir
pasar esta oportunidad. Debemos arriesgarnos y comprobar si realmente es lo que
creemos.
En ese momento miró en la dirección en
la que había partido la misteriosa carroza, y con la mirada decidida, levantó
el brazo diciendo:
- ¡Adelante amigos, próxima parada:
Mugget!
El grupo no tardó en ponerse en camino
hacia el insólito y tenebroso mercado Mugget. Siguieron la misma direccion que
la carroza del circo, y acabaron en un camino misterioso, de árboles secos y
sin ningún rastro de vida y color. Desde que se internaron en el lugar, el
cielo se nubló y oscureció. Todo parecía indicar que el sitio al que se
dirigían, del que procedían las nubes oscuras, no presagiaba nada bueno.
En un momento dado del recorrido,
Eduardo se sintió mal. Un dolor de cabeza le vino repentinamente, seguido de un
mareo que lo envolvió de tal manera que le hizo perder el equilibrio. De
repente todo le dio vueltas y no pudo mantenerse en pie. Cayó al suelo viendo a
sus amigos correr hacía él, y perdió el conocimiento.
El chico despertó en un claro soleado,
tumbado en la hierba. Confundido y extrañado, se levantó y exploró el lugar en
el que se encontraba, observando todo a su alrededor. Había pasado de
encontrarse en un camino árido y tenebroso a llegar repentinamente a un bosque
frondoso, sumergido en la más profunda niebla densa. Una atmósfera envuelta en
misterio rodeaba cada árbol de aquel extraño bosque.
Eduardo dio varios pasos a su
alrededor. No sabía por dónde empezar a caminar. De repente se sorprendió al
tropezar con un pie y darse cuenta de que estaba justo al borde de lo que
parecía ser un inmenso acantilado. Retrocedió varios pasos, temblando, y fue
entonces cuando pudo ver a duras penas una especie de camino de piedras pegadas
a la pared que se internaba en el enorme agujero.
Viendo que era el único camino posible,
el chico se armó de valor y caminó lentamente bajando hacia las profundidades
del acantilado. No sabía lo que encontraría allí abajo, pero algo le decía que
debía hacerlo.
Tras lo que le pareció una eternidad
bajando por aquel sendero de piedra, finalmente el chico logró atravesar la
niebla que lo envolvía. Comprobó que bajo ésta se ocultaba, en el fondo del
barranco, algo que no se esperaba. Su rostro palideció al ver con sus propios
ojos una enorme ciudad en ruinas, que desde en lo alto del agujero no se veía.
Llegó al suelo, y con pasos inseguros,
se adentró entre las calles de aquella antigua civilización proveniente de
muchos siglos atrás. En aquella ciudad fantasma no vivía nadie, y a juzgar por
el estado de los edificios y las casas, el joven pensó que aquel lugar había
sufrido un ataque enemigo a gran escala.
Mientras cruzaba las calles, Eduardo
vio a lo lejos una luz resplandeciente que se alzaba sobre todas las casas y se
dirigía al cielo. Algo en su interior le decía que fuera hacia la luz, y
decidió correr hacia ella. No tardó en llegar a un extenso parque que, para su
sorpresa, estaba lleno de vida y color, a diferencia del fuerte contraste entre
éste y el resto de la ciudad en ruinas.
En medio de ese parque, rodeado de
fuentes, manantiales y cataratas de agua pura, había un pequeño templo del que
provenía la luz. Eduardo se sorprendió al ver en él a su amiga Marina,
aparentemente tranquila y de rodillas, mientras rezaba. Lo que más le impactó y
dejó sin palabras fue descubrir que la luz que había seguido todo ese tiempo
provenía directamente de Marina.
El joven empezó a caminar en dirección
a la chica. Quería saber qué hacía y cómo habían llegado ambos hasta allí. Tras
dar un par de pasos, enseguida se dio cuenta de que apareció un agujero oscuro
idéntico al que usaba Magno para transportarse de un lugar a otro, justo
enfrente del templo. Eduardo hizo aparecer mágicamente su llave espada,
preparado para luchar contra su enemigo.
Sin embargo, palideció al ver a otra
persona que no esperaba surgir del agujero de oscuridad. Asbel apareció con su
arma en la mano, tenía el mismo manto negro que llevaban puestos los de la
organización Muerte, y sus ojos oscuros dejaban ver claramente que ya no era el
mismo de antes. Su rostro sin expresión alguna y su mirada perdida le hizo
pensar a Eduardo que quizá estaba poseído, y no sabía lo que hacía.
El rostro del chico se alteró al ver
caminar a Asbel hacia Marina, y no precisamente con buenas intenciones. Eduardo
corrió hacia ellos gritando, mientras trataba de avisar a la chica del peligro,
pero ésta no le escuchaba. Se mantenía tranquila y serena, y parecía no darse
cuenta de lo que le esperaba.
Llegó justo a la entrada del pequeño
templo cuando se detuvo al ver a Asbel atravesar el pecho de Marina con su
espada, y ésta caía al suelo herida de muerte. Tras acabar con ella, Asbel se
giró y miró al joven con su arma envuelta en sangre. Eduardo, con profunda ira
en sus ojos, se puso en guardia para enfrentarse a su enemigo.
Estaban a punto de luchar cuando de
repente todo desapareció y se volvió negro. De nuevo confuso por las continuas
apariciones y transiciones de un lugar a otro, el chico se preguntaba qué ocurría
y por qué motivo no dejaba de ocurrirle esas cosas. Cerró los ojos en medio de
toda la confusión, deseando que todo aquello fuera una horrible pesadilla.
En ese momento, el joven oyó unas
voces que lo despertaron de su trance. Abrió poco a poco los ojos mientras
Jack, Marina y Erika exclamaban:
- ¡¡Eduardo, Eduardo despierta!!
Por fin el chico volvió a la
normalidad, y despertó diciendo:
- ¿Qué ha…pasado?
- ¡De repente te desmayaste y caíste
al suelo!- dijo Marina- ¡nos has dado un susto de muerte!
- Lo último que nos faltaba era que
perdiéramos a un elegido…- suspiró Jack aliviado- menos mal que sigues vivo.
- ¿Seguro que estás bien, Edu?-
preguntó Erika.
El joven intentó tranquilizarlos a
todos. Sonrió y dijo:
- Tranquilos, no ha sido nada…estoy
bien, de verdad.
Se levantó y demostró a los demás que
se encontraba perfectamente. Por fin retomaron de nuevo la marcha, siguiendo
por el sendero oscuro. Mientras andaban, Eduardo observó a Marina con inquietud
y se preguntaba a sí mismo si lo que vio fue una horrible pesadilla o una
tenebrosa visión. Un escalofrío recorría su espalda cada vez que lo recordaba,
de modo que no le comentó su sueño a nadie, ni siquiera a sus compañeros de
grupo.
Tras un largo camino, finalmente
llegaron a Mugget. Se trataba de una pequeña ciudad envuelta por una inmensa
nube oscura, Su atmósfera pesada y cargada contrastaba con el aire limpio y
puro de Idnia. Allí no había lugares verdes ni rastro de vida animal o vegetal
salvaje. Una nube de polución se respiraba en aquel ambiente iluminado por
farolas y multitud de luces de colores, contaminado por el materialismo, la
codicia y el dinero. Las pocas personas que andaban por sus calles, en su
mayoría encapuchadas o con el rostro oculto, se mantenían frías y distantes
unas entre otras.
Nada más entrar en sus calles, todos
miraban con recelo y desconfianza al grupo de aventuras. La gente de Mugget era
misteriosa, muchos andaban en grupo y cada vez que Jack y compañía pasaban por
su lado, desviaban la mirada al ver a personas curiosas por aquel lugar. Eduardo
se sentía observado ante tantos ojos de pocos amigos. En ese momento pensó que
si las miradas matasen, él hace ya un rato que no seguiría con vida.
Reunidos en un callejón, y tras
asegurarse de que nadie los espiaba, Jack habló en voz baja a los demás
diciendo:
- Bien, este es el plan…nos
dividiremos para buscar información.
Vosotros tres iréis a investigar por la ciudad cualquier indicio de
rastro de un G.F. Yo por mi parte me encargaré de registrar el circo y los
alrededores.
- ¡Espera, Jack! ¿Vas a ir sólo?-
preguntó Erika, preocupada- ¿seguro que estarás bien?
- Tranquila- sonrió el mago- soy lo
bastante fuerte como para arreglármelas solo. Pero sólo os pido una cosa a
vosotros tres. Manteneos siempre juntos y no os separéis, ¿entendido? Nos vemos
aquí dentro de aproximadamente dos horas.
- Muy bien, lo haremos- sonrió Marina.
Tras eso, Jack se despidió y alejó caminando,
hasta desaparecer entre la multitud. A partir de entonces, la maga y los dos
jóvenes tenían que ir por su cuenta. Decidieron empezar por la calle principal,
la cual rebosaba de gente, y por la que quizá podrían encontrar alguna pista.
Caminando con precaución entre los
grupos de personas que se juntaban por los rincones, Erika oyó de repente la
palabra G.F del vendedor de una tienda de accesorios no muy lejos de allí:
- ¡Esperad, chicos!- exclamó Erika,
que agarró del brazo a Marina y Eduardo- ¡ese hombre de ahí acaba de decir G.F!
Los tres se acercaron a la entrada de
la tienda, y le hablaron directamente al tendero:
- ¡Oiga señor! ¿Qué sabe acerca de un
guardián de la fuerza?- le preguntó Erika- ¿sabe dónde podemos encontrarlo?
El tendero cambió rápidamente de
expresión, y una sonrisa de malicia se dibujó en su rostro. Se lo pensó un poco
antes de responder, y dijo:
- Lamentablemente, no dispongo de G.F
para vender en mi tienda…pero, conozco a una persona que quizá sí que tenga
uno…
- ¿¡De verdad!?- preguntó Eduardo-
¿Quién tiene un guardián de la fuerza?
- El Señor Cornelio, sin duda- sonrió
el hombre maliciosamente.
- ¿Y quién es ese?- volvió a decir
Erika- ¿Dónde vive?
- En la gran mansión que se encuentra
en el centro de Mugget, no tiene pérdida.
- Vale, ¡muchas gracias, señor!- se
despidió Marina mientras se alejaba con los dos jóvenes.
La sonrisa pícara y su rostro
desbordaban astucia y trampas por cualquier lado que se le mirara. Aquello le
daba muy mala espina a Eduardo, que preocupado por sus indicaciones, dudaba
mucho de la información del tendero. Definitivamente allí no se podía confiar
en nadie.
Guiados por las palabras del hombre,
el grupo divisó a lo lejos desde la misma calle en que se encontraban una
enorme mansión, la cual destacaba desde cualquier rincón de Mugget. Al ser la
única con semejante tamaño, dedujeron que sería esa, y partieron directos a visitar
al señor Cornelio.
La entrada, de puertas bastante
grandes, estaba regentada por dos guardias que la vigilaban. Los tres, desde
una esquina, veían curiosamente que a aquella enorme propiedad privada sólo
entraban mujeres con cierta belleza física. Al resto de personas las echaban o
no les permitían pasar.
Finalmente, tras observar un rato,
decidieron intentarlo. La maga y los elegidos se acercaron tranquilamente hasta
la puerta, con paso firme y seguro. Los dos guardias no se inmutaron al pasar
las chicas, pero cuando llegó Eduardo éstos se lanzaron a por él y le
bloquearon el paso:
- Las damas pueden entrar, pero tú no-
le dijo amenazante.
- ¡Eh! ¿Por qué yo no?- protestó
Eduardo frunciendo el ceño.
- Es amigo nuestro, viene con
nosotras- justificó Marina.
- Lo siento, pero Don Cornelio sólo
quiere compañía femenina, nada de hombres- respondió el otro guardia.
- ¿Y se puede saber por qué?- preguntó
Erika.
- Porque Don Cornelio está buscando
novia y nos ha encargado personalmente que sólo dejemos entrar a mujeres
guapas- explicó- así que el chico fuera.
Tras varios intentos, y viendo que no
podían convencerlos, se rindieron y alejaron de la entrada. Eduardo suspiró al
tiempo que Marina y Erika pensaban un plan:
- ¿Y ahora cómo vamos a entrar?-
preguntó el joven- sólo vosotras podéis entrar ahí, pero yo también quiero
ayudar.
Ambas chicas lo miraron y se les formó
una sonrisa maliciosa en el rostro. Erika miró a Marina diciendo:
- ¿Estás pensando lo mismo que yo?
- Sí, es buena idea.
Eduardo las miró bastante preocupado.
Supo por sus sonrisas pícaras que se trataba de algo que seguro no le iba a
gustar:
- ¿Qué estáis tramando? ¿Cuál es el
plan?
Las dos chicas lo agarraron del brazo
y lo llevaron a una tienda de ropa especializada, no muy lejos de allí. Después
de ver varios modelos de vestidos, Eduardo se negó rotundamente diciendo:
- ¿¡Estáis locas!? ¡¡No pienso ponerme
este ridículo vestido de noche!!
- ¿Pero qué dices?- dijo Marina,
pícara- ¡Si ese rojo pasión te sienta muy bien!
- ¿Tal vez prefieres este azul
brillante?- preguntó Erika con otro vestido en la mano- ¡la verdad es que es
bonito!
- ¡¡No quiero ninguno, esto de
disfrazarme de chica es una locura…me reconocerán enseguida!!
- ¡Pero es la única forma de que
puedas entrar con nosotras!- le dijo Erika mientras le colocaba una peluca
rubia- ¡además, recuerda que Jack nos dijo que debemos permanecer siempre
juntos!
Tras ponérsela, las dos chicas se
alejaron un poco de él para mirarlo más detenidamente:
- ¿Esa peluca no le quedará recargada
en su cabeza?- preguntó Marina.
- No, yo creo que le queda muy bien-
comentó Erika- ¡vamos Edu, ponte el vestido de una vez!
Eduardo tuvo que acceder
obligatoriamente, aunque de mala gana. Al salir del probador con un vestido de
gala rojo, las chicas no pudieron evitar reírse:
- ¿Edu, eres tú?- dijo Erika con una
sonrisa burlona- ¡qué guapa estás!
- ¡Cállate!- se quejó él- ¡no miréis,
estoy horrible!
- ¡Si te queda bien, bobo!- rió
Marina- ¡Ni Jack te reconocería!
Las dos chicas también se arreglaron
con vestidos y junto al joven, salieron de la tienda en dirección a la mansión.
Cuando regresaron a la propiedad de
Don Cornelio, los guardias no reconocieron a Eduardo disfrazado, y los dejaron
pasar. El chico alucinó y pensó en su disfraz oculto, que entonces supo que
nadie lo reconocería con ese aspecto. Suspiró aliviado, pero se preocupó de
repente cuando uno de los guardias volvió la vista para mirarlo y le guiñó un
ojo tras sonreírle pícaramente. Con cara de asco, continuó su camino con paso
acelerado para alejarse de él.
Llegaron a un gran salón de dos pisos,
con muchas puertas por las cuatro paredes, y unas elegantes escaleras que
comunicaban con el piso superior. En ese momento el recepcionista les indicó
que se acercaran al mostrador, a un lado de la entrada principal. El mayordomo
las saludó cordialmente:
- Hola, hermosas señoritas. Don
Cornelio las atenderá enseguida. Esperen un momento aquí, por favor.
Tras eso, desapareció por la puerta de
detrás del mostrador. Fue entonces cuando Marina preguntó:
- ¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos aquí y
esperamos que nos reciban?
- ¡Que le den al mayordomo, vamos a
registrar este lugar!- dijo Eduardo- ¡acabemos con esto y salgamos de aquí
cuanto antes!
Siguiendo la propuesta del chico, los
tres comenzaron a inspeccionar de arriba abajo todas las puertas que
encontraron a su paso, sin resultados. La mayoría estaban cerradas a cal y
canto u ocupadas por alguien que respondía desde dentro. Subieron por las
escaleras al piso de arriba, y Erika sonrió diciendo:
- ¡Chicos por aquí, he encontrando
una!
Las dos chicas y el joven se
adentraron y bajaron las escaleras que había tras ella. Llegaron a una especie
de sótano muy oscuro en el que apenas se veía nada. Encendieron la luz y se
sorprendieron al encontrarse con una estancia en la que había una gran mesa con
cadenas y varios artilugios sospechosos colgados de las paredes. Las
estanterías estaban llenas de objetos y recipientes desconocidos, que
prefirieron no saber qué eran. Al fondo había un gran pasillo con muchas celdas frías. Marina afirmó con un nudo en la garganta:
- Oh no, esto parece una sala de
torturas…
- ¿Pero…para qué querría Cornelio algo
así?- preguntó Erika, confusa.
En ese momento se sorprendieron y
dieron la vuelta al ver al mayordomo de antes bajando por las escaleras, con un
conjunto de llaves en la mano:
- ¡No no no, señoritas, aquí está
prohibido pasar!- comunicó el hombre, nervioso, que luego dijo en voz
baja-…mira que olvidarme cerrar esta puerta…
- ¿Disculpe, qué es este…?
- ¡No hay tiempo para explicaciones!-
cortó el hombre nervioso, que luego empujó a los tres escaleras arriba- ¡vamos
señoritas, el señor Cornelio las espera!
Se vieron obligados a salir de aquella
estancia, y volvieron al gran salón. Tras salir, el mayordomo cerró la puerta
con llave y se aseguró de que nadie más vuelva a abrirla en su ausencia. Automáticamente
los llevó por el corredor, y antes de entrar por la enorme puerta que se
situaba frente a las escaleras, el recepcionista les dijo:
- Bien señoritas, debo informaros de
algo importante antes de conocer a Don Cornelio. El señor sólo quiere una esposa,
de modo que elegirá a una de vosotras, y las otras dos tendrán que marcharse.
¿Lo han entendido?
Los tres asintieron y junto con el
mayordomo se internaron por la enorme puerta. Mientras caminaban por el pasillo,
alejados del mayordomo, Marina, Erika y Eduardo murmuraban entre susurros:
- Genial, el señor Cornelio sólo
quiere a una…- comentó Eduardo- ¿qué hacemos ahora?
- Muy sencillo- dijo Marina- a
cualquiera que elija de nosotras, que intente sacarle información.
- ¿Pero…y las otras dos?- preguntó Erika-
¿Qué será de ellas?
El sirviente se dio cuenta de que
estaban hablando en voz baja, se dio la vuelta e intervino diciendo:
- ¿Qué estáis susurrando? ¡Nada de
secretillos! ¿Eh?
A partir de ese momento callaron y
continuaron el recorrido. Llegaron a una habitación muy grande, en la que
sentado en un gran sillón había un hombre de mediana edad bastante gordo. Eduardo
imaginó que se trataba de los aposentos personales del magnate. Sonrió al
verlos:
- Don Cornelio, aquí están las nuevas
señoritas que quieren conocerle- comunicó el mayordomo.
Cornelio se levantó y acercó a las
chicas. Mientras las miraba con detenimiento sonriendo maliciosamente, decía
indeciso:
- Qué difícil decisión… la verdad es
que son todas muy bellas y hermosas…
Cuando le llegó el turno a Eduardo,
éste bajaba o giraba la cabeza al lado contrario al de Cornelio, para que no se
fijara en su cara. Tembló pensando que lo descubriría, pero al final no se dio
cuenta y suspiro aliviado. Finalmente, el hombre dio su veredicto:
- Muy bien, me quedo con esta belleza-
sonrió pícaramente- dime hermosura, ¿cómo te llamas?
- Erika, señor…- dijo la chica a
medias palabras.
- Un nombre precioso, sin duda…- y
luego miró al mayordomo para que hiciera su trabajo- perfecto, serás mi esposa.
El sirviente se llevó a Marina y
Eduardo, quedando Erika a solas con Cornelio., Ésta última mostró cara de asco
al pensar que aquel viejo gordo se iba a casar con ella. La maga y el chico,
preocupados por su amiga, decidieron esperarla fuera de la mansión a que saliera.
Lejos de lo que creían que iba a
ocurrir, el mayordomo los llevó a ambos no a puerta principal de salida, sino a
otra que se encontraba en el gran salón, y de la que se oían voces por fuera.
Perplejos, Marina y Eduardo se sorprendieron al ver una decena de hombres
reunidos en aquella sala. Entre ellos estaban el payaso de la carroza del
circo, el tendero de la calle principal y los dos guardias de la entrada:
- Hola, guapas- dijo uno sonriendo
maliciosamente- ¿Queréis uniros a la fiesta?
- ¿Qué es esto?- preguntó Marina,
sorprendida- ¿Qué hacéis todos aquí?
- Estamos esperando compañía femenina
para pasar un buen rato- dijo el payaso diabólico- las chicas que no son
aceptadas por el señor Cornelio nos las quedamos nosotros para divertirnos con
ellas.
- Pero entonces… ¿Trabajáis para
Cornelio?
- Exacto- sonrió el tendero- le
dejamos un porcentaje de nuestros beneficios económicos a cambio de chicas
guapas. ¿Buen trato, no creéis?
Los hombres se acercaron lentamente
con malas intenciones a Marina y Eduardo. La maga intentó abrir la puerta, pero
estaba cerrada con llave desde el exterior:
- ¡Oh no, el maldito mayordomo nos ha
encerrado!- exclamó Marina.
Los dos corrieron completamente asustados
por toda la habitación, intentando escabullirse de todos aquellos hombres.
Acabaron acorralándoles en una esquina sin salida:
- Es inútil que huyáis guapas, ya sois
nuestras- sonrió el guardia de la entrada.
Eduardo, harto del disfraz, comenzó a
decir:
- No gracias, la verdad es que…
El chico se quitó la peluca y el vestido,
mostrando a los demás su verdadera identidad, al tiempo que la llave espada
aparecía en su mano. Marina hizo lo mismo:
- ¡Me dais asco!
Los acosadores, furiosos, exclamaron:
- ¡Es el mocoso de antes…a por ellos!
Antes de que la decena de hombres les alcanzaran,
Eduardo y Marina conjuraron al mismo tiempo un ataque mágico. Éste liberó una
tormenta de rayos directa contra el grupo de enemigos, que los dejó chamuscados
y fuera de combate:
- ¡Y ahora, vayamos a rescatar a Erika!-
dijo Marina.
Eduardo asintió con la cabeza y los
dos echaron abajo la puerta con otro hechizo mágico. Corrieron escaleras arriba
directos a los aposentos de Cornelio, e irrumpieron en su habitación con las
armas a punto:
- ¿Erika, estás bien?- preguntó el
chico.
Se sorprendieron al encontrar a la
joven apuntando con la vara mágica al magnate. Éste se encontraba asustado y
temblando contra la pared. Parece que la chica tenía la situación controlada.
Marina y Eduardo se unieron a ella:
- Vamos cerdo, dinos dónde escondes el
guardián de la fuerza.
- ¿¡Qué!?- preguntó el hombre,
perplejo- ¡me confundís con otra persona, yo no tengo ningún G.F!
- ¡No digas mentiras, todo el mundo
dice que tienes uno…así que entréganoslo ahora mismo!- exclamó Erika.
- ¡Os juro que digo la verdad!- dijo desesperado
Cornelio, que luego suplicó de rodillas- ¡por favor, no me hagáis daño!
Los tres meditaron un momento,
pensativos. Al cabo de unos segundos, y viendo que el hombre lloraba por su
vida, Eduardo preguntó:
- ¿Creéis que lo que dice es verdad?
- No sé… no me fiaría ni un pelo de
este- comento Erika.
- Será mejor que nos vayamos…- dijo
Marina- dudo que este cobarde tenga un G.F. Además, debemos reunirnos con Jack.
Ya casi es la hora.
Los tres asintieron con la cabeza,
guardaron sus armas, y dieron media vuelta dispuestos a marcharse. Mientras se
alejaban Cornelio, enfurecido, dijo en alta voz:
- ¡Esperad un momento!
Marina y los dos jóvenes volvieron la
vista al magnate, y la maga preguntó:
- ¿Qué quieres ahora?
- Esto no puede quedar así…nadie
amenaza a Don Cornelio y se va tan tranquilo.
Se dibujó una sonrisa malvada en su
rostro cuando agarró una palanca que tenía al lado:
- Probad esto, a ver qué tal.
El viejo hombre accionó la palanca y
se abrió un boquete bajo los pies de Marina, Erika y Eduardo. Todos cayeron
irremediablemente en el abismo de oscuridad. Habían caído en una trampa.
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